A sus plantas rendido un león

Sección de Internacionales, dedicada al escritor y periodista argentino Osvaldo Soriano y basada en su novela del mismo nombre publicada por primera vez en 1986. Nos lleva a pensar en los grandes países dominantes que debemos observar, no para imitarlos, sino para estudiar su comportamiento y así evitar que nos coman.


Juego de mamushkas

Solo la liberación nacional y social, la emancipación de la comunidad, permite superar las desigualdades entre el “centro” y sus sucesivas periferias: países más o menos dependientes, territorios dentro de países, márgenes sociales. Un juego de mamushkas, de periferias dentro de otras, donde el atraso socioeconómico de las comunidades queda encapsulado en el discurso descentralizador, maquillaje para las debilidades del federalismo y la redistribución.

Usted, ¿se vacunará o es xonófobx?

La construcción del discurso de odio en una Nación no se logra de la noche a la mañana, y se lo debemos a la gran labor de los grandes productores comunicacionales. No es casual que hoy no le tengamos miedo en absoluto a los misiles estadounidenses, pero sí a los médicos cubanos, y más recientemente a la vacuna rusa contra el coronavirus.

La incógnita de un sistema electoral

Donald Trump se niega a reconocer su derrota. No es ni será la última vez que pudiera darse que un presidente de Estados Unidos triunfe sin tener la mayor cantidad de votos por parte de sus ciudadanos.

El covid-19 no espera, el hambre sí

¿No es el hambre una problemática mundial que nos debería conmover a todos/as? ¿No es el hambre una enfermedad igual o peor que el coronavirus, pero con cura? ¿Es el sabor, el olor, el sentir a la muerte cerca lo que nos hace más solidarios y empáticos?

Desafíos para comunicar la problemática ambiental

No es frecuente escuchar hablar de temas ambientales en los medios de comunicación masivos, pero hay un nuevo grupo de profesionales que, preocupados por las cuestiones ambientales, trabajan para difundir sus ideas y conocimientos.

Hay que decirlo sin eufemismos, no es frecuente escuchar hablar de temas ambientales en los medios de comunicación audiovisual. No es una crítica pero sí una descripción de la realidad de los más masivos espacios de difusión en los que, casi por definición, se tratan los temas que desde la conducción de esos medios se consideran urgentes o prioritarios.

Sin embargo, coincidentemente con la incorporación en la agenda política de algunas cuestiones ambientales, determinados medios masivos de comunicación comenzaron a interesarse por brindar algún tipo de información ambiental en general bajo el formato de entrevistas a personas vinculadas al mundo académico. A veces nos sorprenden con diversas coberturas sobre temas del momento que pueden tener implicancias o causas ambientales como por ejemplo grandes incendios, sequías, inundaciones, olas de calor o incluso la aparición de especies animales en lugares extraños.

Es en esos momentos en los que los productores empiezan a desesperar, miran sus agendas y las ven despobladas de personas que, siendo especialistas en la temática, puedan tener un discurso adaptado a las audiencias de los medios masivos de comunicación.

Hay, sin embargo, un germen que madura en otros medios, los que tienen menor masividad y a la vez concentran una gran fidelización en sus audiencias. Radios locales, radios on-line, medios gráficos fuera del circuito comercial, programas por streaming y muchas otras variantes comunicacionales son escenario de la participación de un nuevo grupo de profesionales que, preocupados por las cuestiones ambientales, trabajan para difundir sus ideas y conocimientos.

Nuevos actores comunicacionales

Paralelamente al aumento de las consultas a especialistas que se realizan en los medios tradicionales (periodismo gráfico, radio, televisión) se produjo una explosión de nuevos medios que, al amparo de la tecnología, multiplican las posibilidades de difundir el mensaje que se desea replicar. El fenómeno de las radios y revistas on-line, por ejemplo, puede identificarse como un emergente de ese modelo de democratización de la palabra y en el último tiempo, fruto de la concentración de medios en bloques empresarios concentrados, permiten expresiones le libertad creativa y nuevos enfoques de comunicación.

Ahora bien, con el incremento en los medios de comunicación independientemente de su alcance en cuanto a masividad de sus audiencias, la incorporación de tecnología ha hecho que sean muchos más los programas que pueden requerir de la participación de profesionales de consulta en los temas vinculados a la problemática ambiental.

Nuevos desafíos para el mundo académico

Este incremento en el número de medios de comunicación gráficos y de programas tanto de radio como de televisión, emisiones por streaming que se encuentran en un punto intermedio entre los tradicionales programas radiales y los televisivos y transmisiones por medio de redes sociales que llegan de modo directo a muchas personas con intereses en común; presupone nuevos desafíos para aquellos profesionales o especialistas que pueden ser consultados. Si se me permite la osadía debo decir que el primero de los desafíos es ocupar esos espacios y no dejar pasar las oportunidades para difundir el conocimiento y que este llegue a un público más amplio.

Problemas ambientales que no son reflejados por los medios

Para finalizar es necesario dejar la semilla de lo que seguramente serán futuras intervenciones y para ello se me ocurrió incorporar grandes cuestiones que constituyen problemas ambientales y que en general no son tomados como tales por los medios de comunicación.

  • El sistema de producción capitalista con sus maximizaciones de ganancias y sus corporaciones como factores de poder.
  • La denominada “extensión de la frontera agropecuaria” que, en abierta contradicción con la historia social de determinadas provincias, ha llevado modelos intensivos de producción agrícolo – ganaderos a regiones que no los tenían modificando no sólo las condiciones ambientales sino también la dinámica social de esos lugares.
  • Atado a lo anterior se pueden mencionar otras dos dimensiones constituyentes del mismo problema la primera de las cuales se puede mencionar como la “privatización de la ganancia” obtenida por la renta extraordinaria del suelo y el agua (fundamentalmente para riego) en detrimento de los intereses del conjunto.
  • La segunda dimensión asociada puede verse reflejada en pleno agosto de 2020 con medio país en llamas, con enormes pérdidas humanas, sociales y ambientales por la codicia de los que quieren extender sus agronegocios a zonas que albergaban ecosistemas incompatibles con ellos.

Es un momento de explosión de muchos medios alternativos de comunicación. Esto debe ser un motivador adicional para el mundo académico: permitirse que su mensaje llegue a un público más allá del de las aulas. La situación presente lo requiere. Difundir las buenas prácticas ambientales y transmitir los conocimientos de la disciplina permitirán que se viva en un planeta mejor. El mundo académico y los medios de comunicación deben estar a la altura de este nuevo desafío.


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Cuando no hay esperanza liberadora, el presente es eterno

El siglo pasado se cerró con el fracaso de la emancipación y con el consecuente triunfo del capitalismo.

  • Por Diego Gómez

Cuando al historiador británico Eric Hobsbawm le preguntaron qué “traería” consigo la llegada del siglo XXI, contestó que no podía predecir pero que seguramente iba a ser el siglo XX quien le diera forma. Como nunca antes en la historia de la humanidad, el último siglo, había generado esperanzas emancipatorias que habían empezado con la revolución rusa de 1917, y finalizado con la experiencia nicaragüense en 1979.

Esperanzas que no tenían distinción de continente, lengua o cultura. Algunas exitosas, otras truncas, pero todas en pos de liberar a la especie humana de la opresión y la explotación. Además del comienzo en Rusia y el final en Nicaragua, las revoluciones en Alemania, China y Cuba, así como también la Guerra de Vietnam, la Guerra Civil Española pueden contarse, entre tantos otros acontecimientos, como intentos verdaderamente emancipatorios del género humano.

Sin embargo, el siglo pasado se cerró con el fracaso de la emancipación y con el consecuente triunfo del capitalismo. La desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y la burocratización capitalista de la República Popular China (RPCh) son sin dudas los indicadores macro de esta situación. El comunismo estatal, tras haber ingresado al siglo XX como una promesa de liberación, terminó yéndose como un símbolo de opresión y alienación. Y la libertad, igualdad y fraternidad de la revolución francesa, para garantizar la eternización de la gran propiedad privada capitalista, resultó victoriosa y hegemónica.  

En las dos primeras décadas del siglo XXI la carencia de un proyecto político verdaderamente emancipatorio, a escala planetaria, ha generado profundas transformaciones en el estado de las relaciones sociales. El historiador italiano Enzo Traverso, en su libro “Melancolía de la izquierda” sostiene que “el siglo XXI nació como un tiempo marcado por un eclipse general de las utopías”[1]. Y otro historiador, el francés Francios Furet, aseveraba en su libro “El pasado de una ilusión” que “la idea de otra sociedad se ha vuelto algo imposible de pensar y nadie ofrece sobre este tema ni siquiera el esbozo de un concepto nuevo. De modo que henos aquí, condenados a vivir en el mundo en que vivimos”[2].

La inexistencia de una utopía revolucionaria hace que el presente sea “eterno” y que, como dice Traverso, el principio de la “esperanza” sea reemplazado por el principio de la “responsabilidad”. La esperanza había llenado los corazones de los oprimidos del siglo XX, mientras que la responsabilidad se ha hecho carne viva cuando el futuro se ensombreció.

La aparición del coronavirus, a principios de año, muestra de manera feroz y sin ningún tipo de contemplaciones el estado actual de las relaciones sociales en las sociedades occidentales. La individualidad ha demostrado estar muy por encima, en la escala de valores, que lo colectivo. Los héroes del siglo XX han mutado a víctimas en el siglo XXI. El pavor a morir le ha sacado “cuerpos” de ventaja a la esperanza que implicaba dar la vida en pos de un mundo mejor. El éxito de las cuarentenas se debe más un paralizante miedo individual que a una actitud de cuidado colectivo.

La “nueva normalidad”, de la que tanto se habla en Barcelona, Roma, Buenos Aires, etc, parece ser un paso más en la alienación de la vida humana. Más distanciamiento social, como sí hiciera falta, es la moraleja que va a dejar la “peste”. Los individuos, ya previamente atomizados por la mercantilización capitalista de sus cuerpos, no serán ni siquiera los mismos que antes de la pandemia/cuarentena.

La “peste”, que se ha puesto el traje de Covid-19, ya estaba presente desde un tiempo largo a esta parte, pero la actual circunstancia sanitaria ha hecho que corriera como reguero de pólvora. En realidad, el individualista slogan “cuidarte es cuidarnos” no es nuevo, pero sí ha encontrado un escenario propicio en el cual consolidarse.

Las pequeñitas “pestes”, esas “normales”, como la pobreza extrema de gran parte de la población mundial o la mortalidad infantil en el tercer mundo, “por suerte” no requieren de cuarentenas. Esas no contagian. Esos virus no viajan por el aire ni afectan a las clases altas y medias. En definitiva: ¿a quién en su sano juicio se le ocurriría parar el mundo por la verdadera peste? Sí, seguramente a muchos hombres y mujeres que dieron sus vidas por un mundo mejor a lo largo y ancho del siglo pasado.


[1] Traverso, Enzo. “Melancolía de la Izquierda”. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Fondo de Cultura Económica, 2018.

[2] Furet, Francois. “El pasado de una ilusión. Ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX”. México. Fondo de Cultura Económica, 1996.


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Discursos, confinamiento y crisis económica

“En mi caso particular, por mi historia atlética,  si me infectara con el virus no necesariamente me preocuparía, no sentiría nada, o, como mucho, no sería más que una gripe, o un resfriado”
Jair Bolsonaro, presidente de Brasil 

  • Por Macarena López

Desde la expansión del coronavirus por el mundo se han realizado una cantidad de enunciados sociológicos de lo más variados, se habla de una “nueva normalidad”, se ha asegurado que “de esta salimos mejores”, se cuestionó como nunca a la Organización Mundial de la Salud (OMS), se cuestionó el rol del Estado, y particularmente en Argentina, se habló de “infectadura”. No existen pronósticos de ningún tipo sobre el resultado a nivel social y/o político que dejará el COVID-19 en el mundo, pero pareciera que poco costo político causan los descomunales dichos que parten de los mandatarios de algunos países como Brasil y EEUU, y llegan hacia sectores de la sociedad que no sólo aceptan el nivel delirante de los discursos que se presentan, sino que lo convierten en bandera. 

Jair Bolsonaro dio positivo en el test de covid y su salud se vio deteriorada en los últimos días, en los que presentó malestar, cansancio y fiebre. Frente a toda recomendación médica, decidió medicarse con cloroquina, una droga para la malaria no recetada para casos de coronavirus, y con el antibiótico azitromicina. Después de que una seguidilla de ministros de salud renunciara, nombró a un general para ocupar el cargo.

Por su parte, Trump decidió sacar a EEUU de la OMS, tiempo después de haber sugerido “inyectar desinfectante a los enfermos”, en una de sus ruedas diarias de prensa.
Mauricio Macri aseguró que “peor que el coronavirus, es el populismo”, probablemente desacertado el comentario del ex presidente que dejó al país sumergido en una deuda externa superior a los 200.000 millones de dólares.

En Argentina, los dogmáticos militantes de la derecha nacional convocaron a distintas manifestaciones en contra de la cuarentena en las que, desconociendo la existencia del virus, reclamaban la influencia de infectólogos y científicos en las decisiones gubernamentales para combatir la pandemia. Ángel Spotorno, un jubilado que organizaba estas marchas “anti cuarentena” y que desacató el confinamiento, falleció de coronavirus

Sin embargo, y aquí el quid de la cuestión, numerosos estudiosos y economistas han demostrado que el nivel de confinamiento no está directamente relacionado con el nivel en que cae la economía en cada país del mundo. La crisis económica es mundial y de hecho es más alta en algunos países que tuvieron cuarentenas más flexibles que Argentina.

Según el último informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), Francia, Italia y España tienen caídas superiores al 5% en el primer trimestre del 2020 y según las proyecciones del FMI para fin de año el panorama no es demasiado alentador para los países europeos, ya que a excepción de Alemania (7,8%), Francia, Italia, España y Reino Unido tienen una caída por encima del 10% en su PBI lo que habla de una contundente crisis económica durante todo el año para las principales economías europeas. En contraparte, también exceptuando Alemania, los países europeos nombrados presentan más de 400 fallecidos, por millón de habitantes, a raíz del virus. 

El informe del centro CEPA advierte además, que de Latinoamérica el derrumbe más importante se produciría en México (-10,5%), seguido por Argentina (-9,9%) y Brasil (-9,1%), la principal diferencia es que Argentina lleva 25 fallecidos por millón de habitantes, mientras que México más de 180 y Brasil, más de 250.  

 Pero si nos referimos en términos de caída de la producción los números varían un poco, mientras que en los países europeos es de una magnitud relevante, todos por encima del 20%, encabezados por Italia (-29,2%) y Alemania (-22,6), en Estados Unidos, la producción industrial en abril cayó un 11,3%, y entre los países latinoamericanos, Argentina es el quinto país en el listado de América latina (-18,3%), Perú encabeza el listado (-27,7%) seguido por Uruguay (-21,6%) y Brasil continúa la lista (-18,8%). Detrás de Argentina solo se ubican Ecuador (-16,4%) y Chile (-6,7%). 

Mirá el gráfico acá.

Los números hablan de una crisis económica mundial contraída por la pandemia, que lejos está de relacionarse con el tipo de confinamiento llevado a cabo por los distintos Estados, y lejos está de significar la caída del sistema capitalista, hasta ahora la sensación más concreta es la angustia de seguir contando muertos. Pero, también, es momento para ahondar sobre el acceso a la salud pública, la fragilidad del sistema económico, las políticas internas de cada país, y tal vez, atreverse a reflexionar sobre la exposición de las distintas ideologías políticas que se desatan frente a un problema que ataca al mundo.