Operación Masacre

Sección dedicada al periodista y escritor argentino Rodolfo Walsh, basada en su novela de no-ficción del mismo nombre publicada por primera vez en 1957. Nos referencia y nos da coraje para denunciar las peores atrocidades de nuestro continente y del mundo.


Hambre y dictadura

¿Qué libertad puede haber si el 40 % de las personas están por debajo de la pobreza, si más de la mitad de los chicos son pobres? Porque, para ser libre, es necesario tener el estómago lleno.

El huevo de la serpiente amarilla

Los movimientos conspiranoicos apuestan a crear un engendro ideológico ideal para escenarios antidemocráticos. Un análisis del fenómeno “libertario” en un informe revelador.

La deuda eterna

Paguemos nuestra deuda eterna para con aquellos que pelearon por un pueblo libre, los negros y los esclavos que liberaron la tierra invadida y arrasada por aquella corona europea.

Pandemia, golpismo y neofascismo

A como dé lugar, el canibalismo Pro intenta fortalecer un escenario de reemplazo anticipado de Gobierno y trabaja 24×7 en esa causa.

Con la prolongación del aislamiento, que tampoco existe ya en la práctica, el presidente Alberto Fernández anunció ciertas flexibilizaciones parciales por provincias gracias a que la curva de contagios no ha crecido. Pero el amesetamiento alto indica el riesgo inminente de contagios y muertes gracias a las movilizaciones anticuarentena y la apertura que Horacio Rodríguez Larreta en forma suicida hace en la Ciudad de Buenos Aires.

Acuciados por el hambre y la recesión millones salieron a trabajar a su suerte desafiando el riesgo viral. La hecatombe industrial y comercial arrastrada desde el régimen macrista y profundizada por el confinamiento necesitan oxígeno económico, aun a riesgo de un rebrote del coronavirus en algunas provincias como ya está ocurriendo.

También una multitud irresponsable sale a masificarse en reuniones de amigos y parientes sin cuidados sanitarios y sin importarle convertirse en nuevos vectores virales en sus zonas. La propaganda anticuerentena es de lo más irracional que existe.

Las operaciones de prensa y propaganda negra de los multimedios hegemónicos ya son escandalosas. Golpismo explícito atacando a los Fernández y a sus asesores sanitarios. Operadores multiplican sus fake news, las marchas conspiranoicas se tornaron virulentas y destituyentes. Los antivacunas y delirantes prostituyen las banderas argentinas tergiversando su significado con consignas antipopulares y anti sanitarias.

Marcha anticuarentena en el centro porteño (Foto: Télam)

Un núcleo duro destituyente crea múltiples focos de conflictos para el Gobierno, sea con la Corte Suprema, la Policía, los mercados, el Congreso o el campo. A como dé lugar, el canibalismo Pro intenta fortalecer un escenario de reemplazo anticipado y trabaja 24×7 en esa causa. Una serie de mini golpes blandos ocurren en cada esfera buscando minar la gobernabilidad y oscurecer el presente socio-económico.

En el panorama continental, el presidente estadounidense, Donald Trump, y el de Brasil, Jair Bolzonaro, entierran a miles en fosas comunes cada día sin importarles en absoluto. Uno apostando fuerte por su reelección (aún incierta y agravada por su contagio) para así verticalizar el eje de ultraderecha continental, y el otro para hacer de sidecar del iracundo yankee.

Si no se reelige a Trump probablemente habrá una guerra civil, y si se hace, vendrá una represión continental de dimensiones formidables.

El Nuevo Orden Mundial y su agenda plutocrata prepara nuevas sorpresas, nadie puede predecir las próximas jugadas. Es prioridad buscar información alternativa, tejer redes sociales de contención mutua entre los necesitados. Tenemos que posicionar nuestra autodeterminación y organización popular para enfrentar la hambruna y próxima pandemia de proporciones bíblicas que pronosticó la Organización Mundial de la Salud, que parece más un vocero críptico de la élite que un organismo de salud mundial.

La vacuna ya existe y llegará en pocos meses, la post pandemia será muy dura, el poder financiero intentará derribar al Gobierno de Fernández apoyados por los sicarios mediáticos y la oligarquía blanca, la moderación K que se perfila socialdemócrata no bastará para desactivar el golpe que está en proceso. Se necesitará un viraje de timón y Alberto tiene la decisión.

La grieta es imposible de cerrar y no debería cerrarse por el bien del pueblo, no se puede transigir con el fascismo, o se lo desmonta o se sucumbe ante él. La neutralidad hoy es complicidad, también dentro del Gobierno deberían entenderlo rápidamente. Estamos en la hora de decidir si tomaremos partido con los movimientos populares latinoamericanos o sucumbimos bajo el neofascismo pseudo republicano.

Son tiempos decisivos para nosotros y nuestras comunidades, y no habrá lugar para la hibridez.


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Frases como disfraces, enunciados engañosos sobre el medio ambiente

¿Es igualmente responsable el que encendió un fuego intencionalmente con el objetivo de hacer un negocio inmobiliario que una persona que no llevó su bolsa reutilizable al supermercado?

En temas de ambiente escuchamos frases que suelen ser muy bien estructuradas pero que, detrás de las buenas intenciones, pueden esconder fines menos loables.

Para quien esto escribe es evidente que el lenguaje es una de las formas de la manifestación del poder. Un poder invisibilizado por el sentido común pero, por eso mismo, más difícil de desarticular.

Es ahí donde se cuelan frases sencillas, llenas de sentido y profundamente entendibles. Frases que en algunos casos son disfraces y vamos a tratar de enfrentarlas pensándolas un poco.

Para el lector más entrenado y con algunas visitas a la obra de don Arturo Jauretche, el formato de este artículo le resultará algo familiar. Digo el formato y no el contenido porque Jauretche fue un enorme hacedor de la cultura nacional y lo de uno es tratar de pensar en conjunto usando herramientas similares.

Lo más oportuno es empezar por la frase que encarna desde su núcleo esa sombra reparadora donde hacer descansar nuestro pensamiento crítico. Una frase igualadora, profundamente moralizante y llena de altruismo y sentido común. Claro que a veces el sentido común nos mueve a engaño… “Todos debemos ser responsables por mejorar el ambiente”.

Quién puede estar en desacuerdo con esta frase, quién puede decir que se trata de una especie de Zoncera Ambiental (parafraseando pronto y mal a Don Arturo. Nadie. Pero (si no hubiera escrito aquí un “pero” este artículo sería casi una broma), ¿somos todos igualmente responsables o hay quienes deben asumir que son más responsables que el resto? Acá empiezan los problemas.

Estas frases cumplen con la primera consigna de la concientización y es que deben ser fácilmente entendidas. El verdadero problema comienza cuando se las analiza con algo más de profundidad.

¿Es lícito decir que “todos debemos ser responsables”? Sí, lo es. Pero, ¿todos somos igualmente responsables? ¿El que produjo el daño ambiental es igualmente responsable que quien lo padece? ¿Es igualmente responsable el que encendió un fuego intencionalmente con el objetivo de hacer un negocio inmobiliario o un agronegocio que, por ejemplo, una persona que no llevó su bolsa reutilizable al supermercado?

Vamos más allá, ¿qué pasa con esas industrias contaminantes? ¿Es igualmente responsable el que da la indicación de hacer los vuelcos clandestinos que el empleado que acata esa orden? Y si alguien sabe que eso está pasando y no lo denuncia, ¿es igualmente responsable que el productor del daño?

Vivimos en un constante apuro, es difícil que podamos darnos tiempo para reflexionar sobre cosas que nos vienen resueltas por algunas frases bonitas que uniformizan, igualan para abajo y nos ponen a todos en un pie de igualdad en lo que hace a la responsabilidad individual frente al cuidado del ambiente.

Parados en este lugar de reflexión podríamos permitirnos pensar si los dueños de casi todas las cosas son también dueños del sentido común. Es decir, ¿será posible que nos estén convenciendo de que nosotros con nuestro accionar módicamente desaprensivo, que se sintetiza en olvidarnos la bolsa reutilizable en casa, somos responsables del calentamiento global, las sequías o la alteración del régimen de lluvias?

Si todos somos responsables pero nadie dice que hay responsabilidades mayores, lo más sensato, al amparo abrigador del sentido común, es creer que todos somos igualmente responsables. Entonces, como pasa con cada generalización, ganan los malos.

No es verdad que todos somos igualmente responsables del cuidado del ambiente por la sencilla razón de que algunos no lo dañamos sistemática y arteramente. Industrias como la automotriz, las empresas vinculadas a la extracción de minerales, incluso las hidrocarburíferas, han tenido tiempo para realizar modificaciones en sus procesos y en su ingeniería de base.

Cuando en Estocolmo, Suecia, se produjo la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano (Cnumah) en junio de 1972 no existían la telefonía celular, ni la fibra óptica, mucho menos internet ni Microsoft ni Apple ni Google. Claro que en ese mundo tan distinto al actual los vehículos consumían combustible fósil y se vendían por millones automóviles y otros vehículos que gastaban cantidades obscenas de nafta o combustible diesel.

Al parecer nada cambió para esas empresas. Sus vehículos siguen consumiendo derivados del petróleo, ese mismo petróleo que por escaso ha provocado las guerras más sanguinarias desde 1945.

En los últimos años en Argentina presenciamos una lucha de vecinos que continúan pidiendo que no fumiguen con agroquímicos sobre sus casas y sus escuelas. Por increíble que parezca, hay tribunales que no les han dado la razón y, más monstruoso aún, hay personas que litigan pidiendo que los dejen fumigar sobre esas casas y esas escuelas.

Me apresuro a decir que es verdad y está muy bien que cada uno de nosotros haga lo que esté a su alcance en protección del ambiente. Que todos nosotros, tal como dice el Artículo 41 de la Constitución Nacional, gozamos del derecho a un ambiente sano, equilibrado y apto para el desarrollo humano y tenemos, en forma individual y colectiva, el deber de preservarlo.

También, por si no ha quedado claro, hay que llevar la bolsa reutilizable cuando compramos y separar nuestros residuos en casa.

Pero atención, no somos todos igualmente responsables, eso es reduccionismo y una forma más en la que los poderosos diluyen sus responsabilidades.

Hagamos como decía don Arturo Jauretche, sepamos que no es lo mismo ser zonzo que estar azonzado. No estamos condenados a seguir diciendo las mismas cosas sin reflexionar sobre las diferencias entre los poderosos que dañan y cada uno de nosotros.

Y ya que lo de azonzado viene a ser algo transitorio, sacudámonos de ese sentido común y empecemos a pensar que, aunque más incómodo, eso es algo liberador. Ya viene siendo la hora…


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La construcción del odio hacia nuestros semejantes

Entrevista al filósofo argentino Ricardo Forster.

Desde mi básico conocimiento histórico, pienso en “la peste” y automáticamente vienen a mi mente los europeos colonizando las tierras del continente americano y contagiando a los indígenas que la habitaban, pero también, pienso en los sectores más humildes de Latinoamérica y África, pienso en la pobreza y el hacinamiento.

  • Ilustración Guigui Payer
    Aunque, en este caso, la pandemia  fuese una consecuencia del capitalismo globalizado y neoliberal, de las rutas comerciales y turísticas y de los esquemas productivos, no tardamos, como sociedad, en construir discursos que señalen y echen culpas a un ‘otro’. No tardamos en escrachar a aquellos que se contagiaban, en querer “despedir de los edificios” a lxs trabajadorxs de la salud, no tardamos en construir teorías conspirativas maliciosas, ni en descreer en la palabra de personas que han dedicado su vida entera a estudiar estos fenómenos. ¿Qué se esconde detrás de estos discursos? ¿El miedo? ¿El odio?

Cabe destacar que los que menos tardaron en replegar estos discursos – el virus chino, el virus que no existe, el virus que sólo es una gripecita- fueron mandatarios, algunos de las principales potencias mundiales como Trump, pero también Bolsonaro, Boris Johnson, sectores políticos como parte de la oposición argentina, y ahí, claramente, se esconde una fórmula mucho peor: el miedo, el odio, el poder y una única premisa, el interés económico de unos pocos vale mucho más que la vida de muchos.

En una entrevista exclusiva con Ricardo Forster, filósofo y asesor presidencial de Alberto Fernández, hablamos de estos conceptos y de los lugares más oscuros que enfrenta la sociedad argentina.

Detrás del imaginario de la peste está el imaginario del peringo, del otro, del extranjero, del diferente, todo eso mueve miedos atávicos. El pobre que vive en condiciones de intemperie y hacinamiento, y que por lo tanto puede contagiar a las clases medias mejor alimentadas y más saludables… podemos construir toda una literatura en relación a la pandemia, la peste, el virus y el miedo, el terror, la reacción e incluso la violencia”.

“No cabe duda que en el imaginario, no solamente el actual, sino en larga data, el lugar de la peste y la pandemia es un lugar muy asociado al temor, por lo tanto enfrentarse a una pandemia como la que estamos viviendo es remontarnos a esas estructuras muy arcaicas del horror más primitivo que se vincula con la muerte, con la pérdida, con deshacer los lazos a través de los cuales uno construye su vida cotidiana”, explica el filósofo.  

Desde ese temor algunos sectores de la sociedad se refugian en el mecanismo de defensa de la negación, y muchos otros aprovechan la boleada para, sea cual fuese el contexto, odiar al otro, y por supuesto, odiar al gobierno popular de turno. El neoliberalismo se hace fuerte cada vez que en nombre de la libertad se reprimen los derechos de los más vulnerables. “La libertad” fue un concepto utilizado en la historia para visibilizar la esclavitud, la opresión, la rebelión ante la oligarquía dominante, pero como siempre, el capitalismo fue práctico y efectivo, se apropió de un concepto que -en su estructura de funcionamiento social- sólo es aplicable para aquellos que nacen con oportunidades extraordinarias y utilizan estas libertades para, nuevamente, oprimir, avasallar y dominar a todos los demás, como todo círculo vicioso que empieza y termina en un mismo lugar, es decir, que nunca termina.

En nuestro país, atrás de la bandera de las libertades, en un momento único en el que mundialmente hubo que recurrir a medidas gubernamentales que nuestras generaciones no habían llegado a experimentar nunca -la llamada cuarentena- los medios de comunicación hegemónicos envalentonaron marchas opositoras que ponían en riesgo a sus propios participantes.

Se ha montado un dispositivo de oposición apoyado por los grandes medios de comunicación que usan incluso las fechas patrias como fechas para demostrar que se quiere proteger la Argentina de la democracia, de la libertad, de la república, frente al avance de un ‘populismo autoritario’ que cercena las libertades, se llamó a marchar el 17 de agosto, el día de San Martín, el gran libertario de américa y se lo convirtió en un defensor de la república de los pocos. Hay una relación directa, política, entre el enfrentarse a la cuarentena, en salir a marchar contra las decisiones del gobierno, que al mismo tiempo es replicado por una parte importante de los medios de comunicación concentrados, donde el descrédito a la cuarentena, la descalificación de las decisiones del gobierno, el buscar debilitar precisamente lo que ha significado la cuarentena como un instrumento clave para disminuir el daño y las muertes en Argentina, se traduce rápidamente en un consignismo político ligado ahora a la ley de reforma judicial, o en su momento a lo de Vicentín, o cualquiera de las decisiones que el gobierno vaya tomando”, relata Ricardo Forster. 

La consigna de la libertad, en nuestro país, empezó a ser funcional para oponerse a cualquier acción que llevara adelante el gobierno popular de Fernández. No importa de qué hablemos, seguro que nos están sacando la libertad de “expresión, de decisión, de vivir, de manejar nuestra plata”, etcétera, etcétera.  Porque la única forma que ha encontrado la oposición, desde el 2003 a esta parte, para generar posibilidades de ganar las elecciones -y bien ha funcionado en el 2015- es denostar, desacreditar y divulgar una cantidad de fake news a través de los grandes medios de comunicación, sobre los gobiernos populares, en definitiva, a través de generar odio.

“Entendemos que las consecuencias de las políticas neoliberales son las extranjerización de la economía, el endeudamiento, la pérdida de puestos de trabajo, el empobrecimiento de una parte importante de la población, la caída de la clase media,
imaginate medios de comunicación concentrados que estén todo el día diciendo que ‘el neoliberalismo y las políticas de apertura económica son maravillosas y que nos van a llevar al éxito como sociedad’, cuando el contraste inmediato es la fragmentación social, el empobrecimiento y el endeudamiento. Tienen que buscar otras estrategias, tienen que elegir un chivo expiatorio, y ese chivo expiatorio es el populismo, el autoritarismo, es en este caso Cristina Kirchner que ha sido construida a lo largo de estos diez años en la bestia negra de la vida argentina. Es más fácil para el discurso amarillista, sensacionalista, sin argumentos de los dispositivos comunicacionales concentrados, atacar sobre zonas que son muy próximas a la lógica de lo afectivo, de los miedos, de los resentimientos y del odio, que tratar de construir argumentativamente un discurso de por qué la sociedad organizada de acuerdo a los parámetros del libre mercado es mejor que otro tipo de sociedad. Los medios de comunicación no trabajan desde esa lógica, trabajan desde la lógica del impacto, desde la lógica de la demolición, desde la lógica del miedo, y trabajan también proyectando sobre la sociedad la idea de que ya no hay argumento, lo que hay es confrontación entre el blanco y el negro. Desde ese lugar las empresas comunicacionales que responden a un interés económico, a una ideología política, en todo caso, vieron en el macrismo el que mejor podía representar sus intereses, en la medida que el macrismo ya no sea quién represente esos intereses buscaran otras alternativas pero, hoy los medios de comunicación son el poder, son la construcción sistemática de un proyecto neoliberal en la Argentina, porque la coorporación mediática está enlazada a los grandes grupos económicos, está enlazada a la financialización de la economía, a la especulación, y por lo tanto su principal objetivo es impedir que un proyecto que reconstruya estado social, derechos, democracia, sea diario en un país como el nuestro”, continúa Forster.

Pero si hay una pregunta que nos cuesta tanto comprender a aquellxs que militamos la ideología de clase, es en relación a la figura de aquella persona que con su fiat 147 se traslada en medio de una pandemia al centro de la ciudad a defender a una mega empresa como Vicentín. 

“Hace unos años, hablando con el encargado de un edificio de una de las esquinas emblemáticas de la Buenos Aires oligárquica, le pregunté si el resto de sus colegas encargados de edificio pensaban como él -porque era un tipo que políticamente reivindicaba al gobierno de Néstor y Cristina- y el me dijo ‘no, todo lo contrario, el resto de los encargados de edificios miran el mundo con los ojos de los propietarios de los departamentos’. Hay una proyección, hay una identificación con el rico, con el exitoso, con el glamour, con lo que sistemáticamente se muestra a través de los medios de comunicación, esa admiración a Estados Unidos que hace que proyecten el ideal de vivir como en California, o en Miami. Un sector importante de las clases medias, incluso las clases medias bajas, siente un profundo resentimiento hacia los sectores más pobres y populares por el miedo a la caída en abismo, por la identificación cultural con el que está por encima de ellos, y también por algo que viene de lejos, y que viene incluso de nuestros abuelos y bisabuelos inmigrantes, que siempre repetían la frase ‘los gauchos son todos vagos, los únicos que nos rompemos el lomo y que construimos ladrillo sobre ladrillo y que todo lo que tenemos es el producto de nuestro trabajo somos nosotros’. Eso lo hemos escuchado repetidamente y viene de una cultura del inmigrante, sobre todo del europeo pobre, que pudo aprovechar la movilidad social ascendente de la Argentina de los años 30’ a los 60’ y construyó una representación cultural donde el provinciano, el cabecita negra, el pobre ‘nacional’, era el vago, el delincuente, o el que trataba de trabajar lo menos posible, y que la riqueza del país era producto de los gringos que habían trabajado la tierra”, explica Forster y agrega: “Toda la mitología de la clase media que a su vez es muy autorreferencial e individualista, pocas veces tiene una visión social, histórica que le permite identificar políticas públicas, una parte importantísima de la clase media que se vio beneficiada por los cambios estructurales de la vida económico-social generada por el peronismo fueron radicalmente antiperonistas. Esto tiene que ver con construcciones culturales, con modos de identificar bajo la lógica y el resentimiento a todo ese mundo peligroso y oscuro que es el mundo de lo popular, de la pobreza que está siempre amenazando ‘lo que es mio’, y la proyección no es hacia arriba en términos de rechazo, sino que es hacia abajo, porque hacia arriba lo que se proyecta es un deseo de ser parte o es una mirada de fantasía respecto a lo maravilloso que es el mundo de los ricos, entonces ahí se construye todo un sistema de represantaciones culturales, sociales, políticas, que muchas veces trabajan con el prejuicio, con la discriminación y con el odio”. 

El problema social empieza a confluir probablemente cuando ese odio de las clases medias y bajas ocupan lugares de “poder” y en pos de defender los intereses oligárquicos (y en consecuencia de la necesidad de expresar el odio) asesinan -no hay otro verbo que refleje la acción- a sus pares. Entonces nace, indefectiblemente, la relación social entre las fuerzas de seguridad y las personas -que se supone- debieran proteger

“Hoy, si vos me preguntas donde hay un lugar oscuro, maldito, y cloacal de la vida Argentina te diría inmediatamente en las policías. Tanto en la policía federal como en las policías provinciales, o en la policía de la ciudad de Buenos Aires, el lugar de lo oscuro, del horror, sigue estando. Donde vayamos vamos a encontrarnos con actos de impunidad, de violencia de gatillo fácil, y donde por supuesto los adolescentes y los jóvenes de origen popular son la carne de cañón, las víctimas propiciatorias de esa policía de la infamia que a su vez está muy vinculada a los negocios del narco, a las distintas formas delincuenciales y a su vez muy protegida también por las estructuras judiciales que en gran medida las han protegido, han hecho negocios en conjunto”.

 “Aquí hay un problema gravísimo para la democracia Argentina que involucra también al poder judicial. No es posible la existencia de fuerzas de seguridad con impunidad, sin poder judicial que las proteja. A su vez, durante mucho tiempo los poderes políticos también protegieron a esas fuerzas de seguridad, por eso se vuelve imperioso avanzar en una reforma estructural, y se vuelve tan difícil al mismo tiempo”, concluye Forster.


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DD. HH.: Lejos del estado de bienestar

Entrevista a Nora Cortiñas.

En las elecciones presidenciales de 2019 el 48,25% del electorado votó en contra de las políticas económicas neoliberales que representaba Mauricio Macri. En ninguna de las posibles proyecciones futuras imaginamos un 2020 como el que estamos atravesando. La pandemia mundial puso patas arriba a la coyuntura política y económica de cada país, y el nuestro no fue una excepción.

Se debieron reordenar las prioridades, que resultaron ser muchas, desde la ampliación de camas disponibles para terapia intensiva (tal vez el primer ítem en nuestro largo listado), el acceso a la salud, la creación urgente de hospitales, hasta la necesidad de otorgar ingresos de emergencia, apoyo a las pequeñas, medianas y grandes empresas, y por supuesto, la renegociación de una deuda externa acrecentada, según el INDEC, en un 76% en los últimos cuatro años.

Argentina es uno de los países modelos en el mundo en cuanto a su manejo de la crisis sanitaria que trajo la pandemia. Si, la cuarentena es larga, pero son pocos los que ponen en duda que el presidente Alberto Fernández logró tomar las decisiones correctas que nos distancian, en número de víctimas, del resto de los países.

Sin embargo, hubieron situaciones que pusieron en jaque al sistema político y requieren que las prioridades se reorden, una vez más. Para desarrollar estos temas, estuvimos en comunicación directa con Nora Cortiñas, cofundadora de Madres de Plaza de Mayo y militante por los Derechos Humanos.

El primer punto de giro se dio en el momento en que el gobierno sacó el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), una ayuda económica para desempleados, trabajadores informales y monotributistas. Para calcular quienes necesitaban este ingreso contaban con un piso de 3,5 millones de personas que ya recibían la Asignación Universal por Hijo, sin embargo, la cifra de registrados para acceder al IFE terminó por superar los 11,2 millones de personas.

Nora Cortiñas junto a Adolfo Perez Esquivel -activista por los derechos humanos y ganador del premio Nobel de la Paz- conformaron un grupo de autoconvocados para la suspensión del pago e investigación de la deuda externa.

Queremos tener estado de bienestar como ya hubo en Argentina -y que ahora estamos muy distantes de tenerlo- para eso, habría que suspender el pago de la deuda, hacer una auditoría, ver qué es lo que nos quiere cobrar el Fondo Monetario Internacional, y los banqueros que son usureros; yo no los llamo acreedores, los llamo usureros, porque a nosotros nos han hecho pagar años y años un interés que no lo pagan ni los países más ricos de Europa”, explica Nora.

La deuda externa también es un asunto de Derechos Humanos, porque si nosotros pagamos y después no tenemos plata para comer o para cubrir las necesidades básicas se verán violados nuestros derechos esenciales, agrega.

Además, Nora Cortiñas afirma que es de público conocimiento que el Gobierno no puede pagar la deuda en este contexto, por eso, y junto con el grupo de autoconvocados, van a presentar una propuesta al presidente para suspender el pago de la deuda y los intereses, y reclamar una auditoría para saber cuánta plata se recibió y en qué se gastó, si se usó o no para beneficio del pueblo: “No es díficil, en la historia ya otros países lo han hecho”, concluye.

El segundo giro, pero no por eso menos importante, se dio con la desaparición forzada de Facundo Castro, un joven de 22 años que fue visto por última vez el pasado 30 de abril en la localidad de Mayor Buratovich, cuando fue demorado por la policía Bonaerense por no tener permiso de circulación, es decir, por violar la cuarentena.

Lo cierto es que la primer fase del aislamiento obligatorio implicó un desplazamiento de responsabilidad de “vigilancia y control” hacia las fuerzas armadas, la policía federal y provincial y con ello, se reanudaron los abusos de poder, la represión y la violencia institucional, que se habían incrementado durante los años macristas.

Berni tendría que haber renunciado después de haberle dicho a la madre que Facundo estaba vivo. Ya no se concibe que se sigan llevando adelante estos métodos, programar cometer una desaparición con un pibe de 22 años, que no estaba haciendo nada ni siquiera para reprimirlo, ni para arrestarlo, es el reflejo de la perversión que hay dentro de las fuerzas de seguridad, mucha perversión y mucha inhumanidad. Pienso en esa madre a la que le dicen y le hacen lo mismo que nos decían y hacían a nosotras durante el terrorismo de Estado, le desvían la atención, le dicen mentiras, que a lo mejor lo vieron acá o allá”, sostiene Nora.

Facundo tiene que aparecer, se lo llevaron, hay testigos, lo subieron a un patrullero, entonces tiene que aparecer. Todavía están libres quienes están identificados -se ven en la foto quienes son- y eso nos preocupa, porque se repiten estos hechos, Luis de Tucumán, Santiago Maldonado, y tantos más, tenemos una larga lista de desaparecidos en democracia”, alegó.

Alberto Fernández aseguró que está trabajando en un proyecto de ley contra la violencia institucional, y Nora Cortiñas espera que incluya un protocolo en el que rápidamente se ponga en marcha un mecanismo de búsqueda que sea efectivo: “No puede pasar más que le digan a un familiar ‘no mire, todavía no le tomamos la denuncia porque es muy pronto, quizá vuelva dentro de unas horas, sino cuando pasen 72 hs vuelva y tomamos la denuncia’, eso se tiene que terminar, tienen que salir rápidamente en busca de la persona”.

Otra de las prioridades que el presidente decidió atender es la reforma judicial. La fundadora de las Madres de Plaza de Mayo no duda en que la justicia en nuestro país no funciona como debería y que es necesario que se conformen grupos de jueces, juezas, abogados, abogadas, y peritos que trabajen en la revisión de este proyecto y que se incluyan abogados y abogadas que pertenezcan a organismos de Derechos Humanos: “La reforma judicial es una de las deudas pendientes de la democracia, al igual que la apertura de archivos sobre los y las desaparecidas y la apertura de las gavetas de los jueces para buscar elementos sobre las adopciones a familias desconocidas, las apropiaciones de los bebés de las madres en cautiverio”.

Nora Cortiñas, además, participa de una Comisión Provincial de la Memoria que denuncia la necesidad de una revisión a la situación carcelaria: “Hay gente que pasa años y años donde los jueces ni miran sus expedientes, ni los llaman a declarar, es decir que están pendientes de condena. En este momento en que las cárceles rebalsan de cantidad de gente presa, los jueces tendrían que apurar para dictar sentencia a gente que hace años que está en la espera”, concluye.

El listado de prioridades es cada vez más largo pero Norita confía en que el presidente Alberto Fernández eligió un equipo de trabajo que se hará responsable de resguardar los derechos y las necesidades del pueblo.


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Aluvión

El aluvión, gauchaje federal, el malón, cadena, lodo, pata sucia, chori, piquetero, tupaquero, negro, sucio, colla, indio, inculto, animal, planero, vago, kuka, kaka, villero, guerrillero, apátrida, subversivo, los mismos de antaño, los mismos de hoy, zoológico. Ese otro que no pertenece al linaje de nuestra patria.

  • Por Sacha Kun Sabó

Igual que en “Civilización y Barbarie”, que en el “Facundo”, que, en el 55, o en el 76, el aluvión volvió. Llegó con esa valija cargada de desprecios y exclusiones, construcción del ultraje medio pelar a la América profunda desde los decires fundantes de la patria oligárquica de Tomas de Anchorena “…la casta de los chocolates”, el aluvión es de esos que están fuera de la argenta tierra porque “no se bajaron de los barcos” ni son “europeos en el exilio” como diría la semántica borgiana.

La oscura otredad del otro y por simple lógica exposicional, el que no es europeo, por tanto, no es argentino, como expuso ese primer mandatario que no sospecha que no sabe. Seguramente se referiría a un invasor, a un cabecita negra, a un bolita, a un chilote, a un paragua, a un mapuche, alteridades que cimentan el odio de una argentinidad blanca hacia ese otro morocho, excluido, culpable, condenado de la tierra, maldito de malditos, el otro absoluto. Los nacidos para no ser, promotores de nuestras europeas desgracias, de nuestras malas mieses, inviernos y enfermedades, de nuestra falta de trabajo, porque no sólo roban cosas, nos roban el sustento. Están en frente de nuestro modo de existencia del candor de nuestro suelo y de nuestra estirpe.

Pero para solución perversa el cambio llegó en un impensable regreso a la Patagonia trágica, llegó paradójicamente de la mano de las urnas en 2015 y sin clarines cuarteleros. Un fenomenal artilugio propagandístico; la construcción de un enemigo interno, el aluvión. Enlute de amarillo, un color que cayó de cielo con ángeles postrados, un infierno del Dante, la furia, neoliberalismo extractivo, marabuntesco, desbastador, ominoso, que únicamente puede sostenerse en la conformidad de una sociedad que es cultivada en su subjetividad a través del proselitismo medial acrítico y uniformado.

Un dominio antidemocrático que embiste con embustes económico, mediáticos y judiciales, la aceptación social de una regresión antediluviana apoyada en antaños axiomas xenófobos. Una suerte de alineación reactiva, un dispositivo donde el rencor se muta en fase del carácter propio y social, la construcción de un desigual que es acentuado y reconocido como una alteridad absoluta, un enemigo primigenio, un aluvión, un otro satanizado, una víctima propiciatoria de un ritual social que se manifiesta en el cultismo de una moral amarillenta y biliosa. Un zoológico de barbarie, que por tal, evita así, desde la mirada disciplinadora de la sociedad, la culpa oficial de un genocidio por goteo.

El odio como expresión radical de la enemistad, del antagonismo exacerbado del desacuerdo extremo, de lo innegociable. La tirria supina a la américa profunda esa herramienta de cohesión medio pelar hacia la patria grande, ese chivo expiatorio que distrae, dispersa. La sustancia y forma opiácea de hostilidad para robar el sentido crítico de la realidad a una sociedad uniformada. 

Por tanto, el aluvión está fuera de la argentinidad, será el mal de males de la casa tomada, un tumor que debe ser extirpado y el demonio que debe ser exorcizado, el que funda neurosis social y como neurosis miedo. No hay conexión del ciudadano medio con esta pertenencia animalesca, hay una ruptura entitativa, hay una disrupción en su sentido de humanidad porque el aluvión no es otra cosa que un espantajo social. El neoliberalismo generó la ruptura de las categorías del tejido social, donde la destrucción de la alteridad de ese otro lejano o cercano, se ve fomentada por la preocupación umbilical del ciudadano promedio. Procurando sólo inquietarse por ellos mismos, deseo mórbido de la teoría del mercado absoluto, donde el estado protector, moderador deja de existir. Patria C.E.O., la potestad política del cambio tiene entonces una matrícula de inscripción consensuada desde la guerra hacia el otro, en el sigilo de las inequidades económicas ocultadas, en la fragilidad de los cuerpos.

Una sociedad del medio pelo, forzada por sus propias limitaciones de clase que necesita aparentar un estatus superior al que en realidad posee, a ese socio- centrismo vernáculo que se piensa así mismo no sólo como blanco y europeo sino casi en relación carnal con la oligarquía argentina. Como un patricio recién llegado donde un universo conspirativo lo ha puesto en un lugar geográfico, económico y social, que no le corresponde.

Por eso el desprecio, por eso el odio, por eso la distancia impuesta a ese otro moreno que es mucho más cercano en su realidad pobre a la cercanía fabulesca con la autarquía camarillesca del círculo del poder.

Hay por tanto un acordar a una perversión desquiciada, argumentada desde el escarmiento, la represión, la revancha, la intimidación, el crimen, en sus más variadas expresiones. Una mass media que pide mano dura, felicita los despidos, la caza y encarcelamiento de políticos dirigentes y militantes y que se nutre de represiones, intransigencia, patriotería, misoginia, mordacidad, violencia, maltrato, ultraje, asesinatos, torturas con lógicas gubernamentales que conquistan los significados sociales, imperiosos, por alcanzar la argentinidad globalizada y moderna.

Todas ellos formas y argumentos de destrucción masiva de las redes de contención social y de la solidaridad, ayudados por el ejercicio intoxicante de los medios de comunicación concentrados. Pobres identidades cruzadas por dañinos imaginarios regresivos de interpretación del cosmos social, un patrón binario donde el argentino medio absorbe la negación de todo valor vinculado a lo popular. El miedo y el consenso son sustancia, son parte del león en el juego perverso del oficialismo.

Con una capacidad maniquea de manipulación estructurante, que no habíamos visto desde la década de plomo, y que nos llama permanentemente a un conformarse atónito, vencido y sin retorno al pensamiento crítico. El cambio trajo consigo la supresión de la plaga profusa y anárquica de lo político Trapicheo amarillo de dos democracias una idearía platónica sacrificada y etérea donde hay un pueblo disciplinado por las normas del buen vivir y donde se ha logrado doblegar el aluvión que amenazaba el París sudamericano y su antítesis una democracia populista, cambalachera sucia, negra y corrupta que es más un fascismo que un verdadero constructo republicano.

Es necesaria, y así se nos exige una nación de cuerpos democráticos ascéticos, apolíticos en la constitución de cuerpos deschoripaneados cultores de la viralización, del hashtag y el trending topic. Desde los Comuneros colombianos, Túpac Amaru y los quilombos brasileños, las montoneras, Felipe Varela y el Chacho Peñaloza, Dorrego, Artigas, Belgrano y San Martín, nuestra genealogía es la de un combate entre emancipación y colonia, una grieta histórica nunca cerrada, pero el palacio de toda victoria se construye sobre el pueblo entero.

Nadie los esperaba, pero allí están surgentes en los intersticios del cemento urbano resistiendo, el aluvión se reinventa, persiste, lucha, evoluciona, contagia, enfrenta el cambio, el cambio al pasado, esa continuación civil de la dictadura, por otros medios, pero la misma. El aluvión que se enrola, se bifurca se organiza, zigzaguea, sortea y vence al gendarme manchado, desde alto comedero al desierto patagónico, grita, grita libertad, sigue, se enfrenta en la calle cara a cara roca y bandera. El aluvión de hombres grandes que no necesitan odiar para existir, que han perdido cien batallas, pero no la risa cómplice y compañera. Simples hombres del malón, por ello inalcanzables y utópicos en la incertidumbre de la lucha callejera, que sienten el ensordecedor murmullo de la revolución, las voces, tiempo imprevisible y misterioso.

Están allí porque es su deber de ser humano, de guerrear contra todo privilegio, pero sin olvidar que esta lucha es una lucha sin fin, Llegan y se instalan borrachos de pobreza, de esa copa del derrame que no derrama oteando las 30.001 luchas que serpentean la plaza. Pueblada no llegada, El Aluvión, hay un ardiente presagio. Se siente en ciernes Se huele y quema los ojos, la garganta y la carne en llagas, marchan, ganan a las deshonras de cambio con sus propias honras, Santiago, Rafael, Facundo, las voces.

Pedirle al estado que actúe contra el estado

  • Por Flor Cortés

El pasa pelota de los jueces y la falta de sentido común del estado.

El 29 de noviembre de 2018, el Juez Gustavo Lleral pidió cerrar la causa en primera instancia y la familia de Santiago Maldonado apeló. Todo tiene instancias, el Tribunal, la Cámara de Apelaciones, la Cámara de Casación y por último la Corte Suprema.

Ahora, cuándo vuelven a asignar la causa tras la apelación, se la otorgan nuevamente a él: Lleral se la pasa al Juez Hugo Sastre, que la devuelve por estar vinculado a la causa del médico, supuesto responsable de filtrar la foto del cuerpo de Santiago, por lo que la rechaza. Entonces todo vuelve para atrás, la causa recae una vez más en Lleral, que se la pasa a Parcio, que la rechaza, vuelve a Lleral, pasa a Sastre y así sucesivamente. Sí, parece un partido de futbol.

Lo más lógico sería que la causa pase a Buenos Aires: el fiscal está en Esquel, el juez Lleral -aunque la familia no lo reconozca en los papeles como tal- está en Rawson, la Cámara de Apelaciones en Comodoro Rivadavia, la Cámara de Casaciones, la Corte Suprema y Verónica Heredia la abogada de la familia en Buenos Aires y, finalmente, la familia en Bariloche.

Fotografía Sebastián Miquel

Sergio Maldonado, hermano de Santiago, debe presentarse en todas las instancias, la querella debe trabajar en exceso para impulsar la causa, los pedidos parecieran quedar en el camino, nadie acompaña a la familia, pero lo más grave es que tampoco acompañan el pedido de desaparición forzada de personas -que requiere, por supuesto, una investigación diferente- porque no existe otra hipótesis.

La Cámara falló en contra de los querellantes y la causa volvió a manos de un juez que ya demostró tener su posición tomada. Para que se entienda: le están pidiendo a un juez, que ya dio su veredicto, que lo revalúe y vuelva a tomar una decisión. Además, la familia de Santiago presentó ante la Corte Suprema de Justicia el pedido investigación de desaparición forzada, que es lo mismo que pedirle a la Corte que se promulgue en contra del veredicto que ya emitió el juez Lleral.

El cuento de la buena pipa

Hay que esperar 10 días para impugnar cada vez que es necesario, es decir, va a pasar todo el año en estas idas y vueltas. La justicia no respeta los plazos, se tomaron 7 meses para el pedido del ‘no cierre’ de la causa. La familia apeló en diciembre, enero y marzo. Hoy, primero de agosto, se cumplen 3 años desde la desaparición y la causa ni siquiera tiene juez, “a Lleral no lo consideramos porque ya dijo lo que tenía para decir”, asegura Sergio Maldonado.

Desde agosto del 2017 el caso está caratulado como desaparición forzada, nunca se llegó a cambiar porque la familia de apeló una y otra vez. ¿Cómo la cambiarían si no se hizo una reconstrucción de los hechos? Si hay seis jueces que dicen que en la autopsia no se puede determinar qué día murió, cómo murió, ni dónde murió Santiago, ante esta falta de información tendrían que considerar investigar una desaparición forzada.

Deja en evidencia, que si la familia no estuviera todo el tiempo pendiente y se posicionara frente a la causa, todo quedaría en la nada. ¿Si no tuvieran los recursos para pagar una abogada? Parece que la única voluntad de esclarecer la causa recae en las querellas, el sistema judicial no tiene el mismo interés en saber la verdad.

Cómo es estar sólo, Sergio Maldonado en primera persona.

Mi libertad es de la no obsecuencia, no milito en ningún partido, si bien todo el tiempo hablamos de política, mi postura es no callarse. Hago esto para ayudar a mantener esa balanza.

Nos damos cuenta que las repercusiones hacen efecto. De hecho Alberto Fernández se comunicó con la madre de Facundo Castro, tarde, el Estado siempre tarde, pero se comunicó. Ese es mi camino, el camino de marcar, decir lo que se debería pronunciar, no por ser un golpista o criticar, pero me parece que así se fortalecen los derechos humanos.

Fotografía Sebastián Miquel

Los ideales son siempre iguales, no es que uno los cambia según la situación. Uno tiene que tener una línea, tengo un objetivo claro, se lo que digo. Siempre estoy en la misma línea, lo que puede cambiar es el grado de inocencia. Como cuando el primero de septiembre, le pedí a Bullrich que dé un paso al costado, cuando no estaba capacitada para dirigir las fuerzas armadas. No me arrepiento, tardé un mes en decirlo, no salí el 4 de agosto, esperé, fui aprendiendo. No hay que cerrarse, no tengo miedo a pedir disculpas, si después cambia algo. Ojalá tenga que pedir disculpas, sería bueno porque indicaría que algo está cambiando.

El orgullo lo perdí el día que desaparecieron a Santiago, cuando tuve que desnudarme frente al público y llorar frente a cámara para pedir que aparezca. Todo lo macho que te pueden enseñar, cuando te arrancan a alguien, se pierde, te haces más humano.

El hijo de Videla, otro muerto sin nombre

“Si los pobres de los hospitales, de los asilos de mendigos y de las casas de huérfanos se han de morir, que se mueran: porque el Estado no tiene caridad, no tiene alma. El mendigo es un insecto, como la hormiga. Recoge los desperdicios. De manera que es útil sin necesidad de que se le dé dinero. ¿Qué importa que el Estado deje morir al que no puede vivir por sus defectos?”

Domingo F. Sarmiento
Discurso en el Senado de la Provincia de Buenos Aires
13 de septiembre 1859

Este escrito surge de dos momentos: uno de la relectura de la nota de Miguel Bonasso en el diario Página/12, de junio de 1998 sobre el hijo abandonado por el genocida Videla en la Colonia neuropsiquiátrica de Montes de Oca; el otro del trabajo de investigación sobre el genial libro de Gotz Aly, “Los que sobraban”, una historia sobre la eutanasia social en la Alemania nazi.

Los asesinatos perpetrados en Alemania en los años previos a la Segunda Guerra Mundial y durante ella sobre enfermos mentales, supera el número de 200.000 personas. Todas hospitalizadas en neuropsiquiátricos, construyendo una mortaja de muertos anónimos bajo el mutismo respetuoso de los familiares vivos. Eufemismos varios se utilizaban para ello: redención, interrupción de vida, muerte de gracia, muerte asistida, o simple y llanamente eutanasia. Ya comenzada la época de beligerancia global 1939-1945, muchos alemanes daban consenso a la eliminación de bocas inútiles. Si bien hubo algunas convicciones discordantes a este proceso, fueron pocas, bien pocas. La mayoría del pueblo alemán guardo silencio sin querer saber demasiado sobre estos “anormales” peligrosos para el bien público, con el aditivo social que no trabajaban y eran una pesada y deshonrosa carga para sus familiares. Los monumentos y listas actuales todavía omiten su registro. La explicación oficial alemana en 2012 se refiere a que los familiares sobrevivientes pueden sentirse ofendidos, no por la desaparición o asesinato de las víctimas sino por su enfermedad vergonzosa.

Podríamos decir aquí que hubo dos demonios: las enfermedades mentales por un lado, y los 500 genocidas nazis que perpetraron la solución final en los hospitales neuropsiquiátricos, por otro. Pero no lo explica, porque lo que urge es el análisis del trasfondo social del consenso genocida. Había un acuerdo social: era necesario dar final a la carga familiar de un padeciente cercano con ”tara” hereditaria o psíquica y verse a sí mismos reflejados en el espejo como perjudicados, por categorías denostadoras que circulaban en aquellas épocas, como familiares de estorbos, molestias, lastres sociales, cargas para los demás; la consideración de esos otros como un peso de por vida para los familiares y por tanto la necesidad de el consiguiente alivio, desahogo, liberación del lastre individual y colectivo.

Era necesaria una solución final silenciosa y silenciada sobre estas vainas humanas vacías y seres del escalafón animal más bajo. Debían desaparecer sin dejar rastros, con certificaciones de muerte fraudulentas que dejaran tranquilo al colectivo social. Las causas ficticias de muerte en los certificados de defunción fueron de las más variadas patologías que la imaginación pudiera crear. La causa real: la cámara de gas, edulcorando así la conciencia tranquila del familiar y dejando el trabajo sucio al Estado. Estado que estadísticamente pensaba en el ahorro real de no tener que alimentar bocas improductivas. Tal vez Hitler leyó a Sarmiento.

En 1920 Ewald Meltzner, alto funcionario de la salud pública alemana, había hecho una encuesta de varias preguntas a 200 padres de niños internados en hospitales neuropsiquiátricos, preguntando sobre si estarían de acuerdo con algún tipo de solución final a los padeceres de sus hijos por parte del Estado. El 73 % estuvo de acuerdo; del 27% restante, sólo un 10% contesto con un no rotundo. Muchos de ellos manifestaban que no era correcto el preguntar a los familiares ya que ello generaría, ante una supuesta solución final, conflictos de conciencia con los padres en su gran mayoría de confesión cristiana. Sobre todo porque los cuerpos tenían que desaparecer -consenso silencioso y silenciado- y el problema se generaba ante la incineración y la negativa católico protestante ante esta práctica anti resurrecta.

La solución final de los enfermos psiquiátricos fue la antesala de otras soluciones finales con otros consensos y otras justificaciones.

El genocida Jorge Rafael Videla y su esposa Alicia Raquel Hartridge de Videla internaron a su hijo Alejandro Videla –diagnosticado como “oligofrénico profundo y epiléptico”- en la ominosa Colonia Montes de Oca, donde falleció a muy temprana edad. El dato fáctico surge de una carta del suboficial retirado Santiago Sabino Cañas, quien había cuidado al joven en la Colonia. La misiva era un intento de conmover al genocida para que éste salvara la vida de su hija de 20 años “desaparecida” por “subversiva”.

Cuando surgió la nota de Bonasso, Hartridge declaró que se trataba de “destruir a su familia” con esta deshonrosa tragedia. Distintas épocas, mismas palabras.

En la nota de investigación del autor se hace referencia a una tapa de la revista “Para Ti” de febrero de 1979, en los años más duros de la represión. Toda referencia bibliográfica de Videla hace alusión a siete hijos, pero el último siempre fue ocultado. En la foto familiar solo aparecen cinco, uno de ellos en ese momento de viaje.

La historia marca que Videla en la década de los ’60 internó a su hijo en la Colonia Montes de Oca de Torres, un establecimiento para enfermos mentales de oscura fama. Inclusive en épocas más recientes, la oscuridad se traduce en la sospecha de tráfico de órganos y en la desaparición en los ’90 de la Doctora Cecilia Jubileo, denunciante de dicho delito y otros desmanes. La Colonia neuropsiquiátrica cuenta con la macabra estadística de 5000 pacientes desaparecidos o muertos sospechosamente en los treinta años previos a los 2000.  

La historia clínica de Alejandro Videla marca que fue diagnosticado como “oligofrénico profundo y epiléptico”. Este hecho, el de su internación y la propia enfermedad, fueron mantenidos en el más estricto secreto por el matrimonio Videla.

La colonia, famosa por sus pisos mojados permanentemente por la humedad, el orín y los excrementos, se caracterizaba por el deambular de sus padeciente semidesnudos y librados a su suerte. Bonasso lo define como un «depósito de carne sin destino”. Alejandro estaba alojado en lo que se llamaba siniestramente la “casa de los muertos”; parte de ella estaba con los techos semi caídos sin luz y sólo un par de personas atendían a más de 150 pacientes. Las ventanas rotas desde tiempos pretéritos hacían el invierno insoportable y en verano los hedores llegaban a la periferia de la ciudad de Luján. Las denuncias acumuladas en organismos sanitarios y de derechos humanos indican que muchos pacientes murieron de hambre, pero el certificado de defunción decía cáncer, gripe, neumonía. Los familiares, con la conciencia tranquila, seguían festejando el Mundial.

“Las personas consultadas por Página/12 (profesionales y empleados de la Colonia Montes de Oca) coincidieron en un mismo sentimiento: ninguno hubiera dejado en semejante lugar a un hijo suyo por grave que fuera su patología, dice Bonasso.

Los enfermos que van allí, dijo un antiguo empleado ya jubilado, suelen ser gente muy pobre, que la familia abandona. En cambio, Videla, que ya era coronel o general, ganaría un sueldo lo suficientemente holgado como para tenerlo mejor“, agregó.

Un psiquiatra que entró al lugar en los setenta y ya no trabaja más en la Colonia, fue más a fondo: “Imagínese el frío, las mesas y sillas de mármol desechos como en el Hotel de Inmigrantes, los internos que no controlan los esfínteres. El chico de Videla no estaba en ningún lugar privilegiado, sino en el Pabellón número 7, el de los oligofrénicos profundos, que de día y de noche suelen vagar por los campos hasta que cada tanto alguno se cae en un pozo o en la laguna y se ahoga. En la Colonia, el chico de Videla estaba como uno más, democráticamente. Y mire que paradoja: tal vez la única vez en que Videla fue democrático fue para mandar a su hijo a un manicomio”.

Alejandro Videla, según los registros, murió en 1970, a alrededor de los 19 años de edad. Sin embargo, las revistas sociales de la época de la dictadura sostienen respecto al genocida: “casado con Alicia Raquel Hartridge, tiene siete hijos”. Hay epígrafes de cada uno de ellos pero no de Alejandro, como si nunca hubiera existido y como si la cuenta de seis fuera de siete. Los medios constructores de consensos nunca se preguntaron dónde estaba o qué había sido de él: seguían viendo siete, nueve años después de su muerte. También es un misterio el lugar donde fue enterrado. Videla diría, tal vez, como luego dijo de los 30.000: «es un desaparecido, no está, no existe…”.

Como en la Alemana Nazi, como en aquellas familias alemanas que escondieron su vergüenza, los Videla hicieron lo propio. En ambos ejemplos como preludio de una carnicería consensuada socialmente. ¿La paradoja final? El suboficial retirado Santiago Sabino Cañas que cuidó de Alejandro, jamás recuperó a su hija, sino que perdió dos familiares cercanos más en los oscuros claustros de la ESMA.


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