Contra el canon

Sección dedicada a la historiadora de arte argentina Andrea Giunta, basada en su libro del mismo nombre publicado en 2020. Invita a pensar categorías analíticas para desarmar la lógica ordenada por las miradas hegemónicas; contradice el canon y sacude las versiones tradicionales del arte y la cultura latinoamericana. Intenta comprender las simultaneidades para decir adiós a la periferia.


Detrás del mito: La historia de la “dama de blanco”

Dentro del cementerio de Recoleta yacen los restos de Luz María García Velloso (1910-1925), hija del escritor Enrique García Velloso, fallecida con tan solo quince años de leucemia. Se la conoce como la “dama de blanco” y según cuenta la leyenda porteña es uno de sus fantasmas más conocidos.

Lo bello y lo injusto

De cómo la historia de la novela “La Perla”, del estadounidense John Steinbeck, está más vigente que nunca.

La avaricia de Regina

La cantante italiana, Regina Pacini, se arrepintió de haber dejado a su amor tras la muerte de Marcelo Torcuato de Alvear.

Historia de amor y de muerte

Estas fotos tienen historia. La tumba se encuentra en el primer panteón que se ubica a la izquierda, ni bien se ingresa al cementerio. Se trata del panteón de los Alvear. Y aquí la anécdota, el falso hilo rojo que unió las almas de quienes allí descansan eternamente.

Marcelo Torcuato de Alvear fue presidente de la Argentina y miembro de una de las familias más acaudaladas del país. Se daba los lujos de viajar seguido a Europa, más precisamente a Francia. En uno de esos viajes, conoció y se enamoró de una cantante, Regina Pacini, y a tal punto llegó esa relación que terminarían casándose.

Aunque en el mientras tanto, ella lo ignoró varias veces y en cada intento de él, respondía que no. Pero un día y después de varias insistencias, Alvear concurrió al teatro donde ella actuaba. Averiguó bien los horarios y se le ocurrió una idea brillante para un enamorado rechazado. Llegó al teatro unas horas antes del comienzo de la función. y adquirió la totalidad de las entradas que tenía la capacidad de dicho lugar. Y compró una rosa para cada una de esas butacas, colocándolas en esos lugares antes de la actuación.

Cuando Regina subió al escenario para interpretar sus canciones, observó que estaba todo vacío, excepto una de las butacas, que por supuesto se encontraba ocupada por Alvear.

Cuando vio la cantidad de rosas en cada una de ellas, se ruborizó y ante la presencia cercana de Alvear, y la propuesta de éste para pedirle el casamiento, no tuvo más remedio que aceptar. Se casaron en la Argentina, país donde ella no fue bien recibida.

Marcelo Torcuato de Alvear y Regina Pacini el día de su casamiento (Foto: Sarubolini)

Es que en aquella época tener una primera dama “artista” no era bien visto por la población. Pero Alvear siguió firme tanto en su cargo como en su vida familiar.La leyenda dice que cuando Marcelo Alvear fallece, la viuda, Regina, no dejó entrar a nadie de la política en el velatorio, como venganza por los años sufridos. Regina muere unos años después, pero quedan estos datos, como un fiel relato de lo que fue una etapa difícil de la Argentina.

Cuentan que el deslumbramiento de ella se disipó con la muerte de Alvear y se arrepintió de haber dejado a su amor, un humilde costurero italiano y hasta una hija que tuvieron en común en Francia, cegada por el poderío económico que tendría si renunciaba a todo y se casaba con Alvear, quién sabía toda la verdad y se adueñó de ella pese a todo.

El arrepentimiento no sirvió: el hilo carmesí de la codicia la unió al hombre rico y a su apellido de abolengo por toda la eternidad.

No solo signó su destino en la tierra sino también en la muerte, y la condena fue una soledad sin lágrimas ni flores de los dos únicos amores que tuvo en su vida.


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El arte muralista: José Kura

Dicen que el arte habla allí donde la realidad se queda sin palabras. Ningún género artístico representa mejor ese concepto que el arte muralista.

Dicen que el arte habla allí donde la realidad se queda sin palabras. Ningún género artístico representa mejor ese concepto que el arte muralista. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que su origen es el grito de un grupo de artistas e intelectuales que toma conciencia de una realidad social conflictiva, abrazan a los que nadie escucha y amplifican sus voces en monumentales obras que hacen implosión y llegan a toda América Latina.

Esto sucede en México a principios del siglo XX, y los murales inauguran un género con una iconografía sencilla y contundente que cuenta al mundo el sufrimiento de las clases marginadas.

Cuando llega a la Argentina, donde el contexto político y social era muy diferente, se convierte en otra cosa, pierde su mística revolucionaria y deviene en obras con fines estéticos que adornan iglesias o edificios con temas religiosos y alegóricos.

Hubo un intento de reencontrar su ADN y devolverles su fuerza expresiva a través de Siqueiros, muralista mexicano que llega al país con propuestas interesantes que se convierten en un “manifiesto” perfecto, desde donde hace un llamamiento a los artistas plásticos argentinos a adherirse al proyecto. La iniciativa no prosperó, a pesar del apoyo de un sector de intelectuales. Toda la novela terminó con una de las contradicciones más llamativas en el mundo del arte, Siqueiros terminó pintando un mural en el sótano de una fastuosa mansión de clase alta.

El tiempo pasó, los estilos fueron adaptándose a los contextos. Desde Martín Ron, pasando por el genial Alfredo Segatori o la llamativa Marina Zumi, el muralismo revivió y se reinventó de manera ecléctica generando un amplio universo de obras como: extensil, grafitis, gigantografías, entre otros, con el común denominador del arte que está con todos, visto al pasar, que acompaña, el arte callejero, democrático, despojado de cualquier pretensión elitista.

Entre los excelentes exponentes del arte muralista, queremos mirar a uno en especial, por convertir a la provincia de la que es oriundo en un “paseo de murales”. José Kura realizó obras en cada ciudad, pueblo o paraje del interior de la provincia de Corrientes y convirtió a su capital en la “ciudad de los murales”.

Con una extensa y reconocida trayectoria, el artista correntino con proyección nacional e internacional, cuenta historias que aparecen en las rutas, a la entrada de un pueblo, en iglesias, instituciones, y forman parte del paisaje provincial. Su estética es inconfundible. 

Todo comienza en soledad con la idea inspiradora que debe convertirse en el relato icónico, transformado constantemente hasta llegar al modelo final. Siempre dispuesto a escuchar a los que conocen lo que debe crear. Convencido que el trabajo en equipo es el éxito del resultado, lo convierte en una persona abierta a toda sugerencia y con una sencillez poco común.

Una vez que la idea se plasma definitivamente en un boceto, comienza un trabajo previo que es arduo y pocas veces visible. Lleva mucho esfuerzo desde su inicio hasta su culminación porque se necesita de un equipo muy bien conformado con gente idónea para llevarlo adelante.

Kura trabaja con el esgrafiado, a partir de un soporte que debe construir de la nada en la gran mayoría de los casos. Allí radica la diferencia de su trabajo respecto de otros muralistas, dado que debe construir desde los cimientos el muro donde plasmará su obra. Es a partir de allí donde intervienen arquitectos, técnicos de la construcción, albañiles, pintores, carpinteros, herreros, cuyas intervenciones resultan indispensables para moldear la obra final.

La técnica del esgrafiado es tan antigua que se remonta a los etruscos y los mayas. Se hace sobre capas superpuestas de estuco (pasta de grano fino compuesta por polvos de yeso, mármol y cal) a las que se le agrega agua con tintura de acuerdo a los colores que se vaya a utilizar en cada parte del mural, permitiendo revelar las formas o dibujos al raspar en fresco cada capa.

José Kura está revestido con la armadura de la humildad. Ocupó importantes cargos en el campo de la cultura en su provincia y él se presentaba como “empleado estatal” sin ostentación alguna. Realizó obras tanto en escuelas rurales de nuestro país como en Brasil, México, Chile, Uruguay e Israel. Uno de los anhelos que persiguió desde siempre es el de utilizar esta forma artística como “herramienta de inclusión e integración”.

Desde 1998 lleva organizados siete encuentros de muralismo latinoamericano, dicta seminarios en Argentina y en el extranjero, habiendo sido siempre coherente con el género que abraza para expresarse artísticamente: un arte generoso y humano que ayuda a reflexionar contando pequeñas y grandes historias para no perder la memoria, quedando allí para siempre, a la vista de todos, resistiendo el paso del tiempo.

Su arte conserva el patrimonio cultural que se desea resguardar. Los imaginarios e identidades son prolíficos capitales simbólicos que él reproduce y transforma allí donde es convocado. Es obvio que hay detrás un interés político y social para que eso suceda, entonces es lícito reconocer en este proceso la decisión ciudadana que es la verdadera creadora de su cultura, su forma de vida, su sensibilidad para conservar o desechar historias.

El arte del mural es importante como instrumento para la producción social de sentido, en tanto y en cuanto construye en su circulación un receptor ajeno a las “industrias” culturales que actúan con su propia lógica: la de la competencia, la del consumo, la del individualismo, la del tiempo de los “más aptos”, y la de la indiferencia hacia los débiles; ajenas al sentido de lo comunitario.

Es un arte que ocupa un espacio público, no sólo expuesto a las inclemencias del tiempo y al vandalismo, sino también a las disidencias, en medio de los conflictos, en diálogo abierto entre sujetos libres. Interpela, molesta, separa, unifica criterios y, como lo señalaron los griegos, el núcleo de todos estos valores es la “ética de lo público”, entendida como esas prácticas y pensamientos de solidaridad y responsabilidad social.

El muralismo tiene todo eso, construye ciudadanos críticos, no la contemplación dócil, y alejado de los circuitos de la revolución tecnológica y las fuerzas del mercado que fagocitan todo a su paso, José Kura mantiene intacto el trabajo en equipo (especializado) ciento por ciento artesanal.

A través de él queremos agradecer a todos los muralistas argentinos y del mundo por compartir el talento de su creatividad con todos nosotros.

Finalmente, es imposible pasar por alto que nuestro artista correntino incursiona con la misma genialidad en la plástica y en la escultura, realizando cuadros y figuras de diferentes estilos y temáticas. Compartimos parte de su obra, donde las protagonistas son las mujeres captadas en sus contextos culturales.


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Una sociedad ardiente: Reflexiones sobre Fahrenheit 451

La novela de Ray Bradbury cuenta la historia de un mundo futurista en el que el planeta está superpoblado, la sociedad está aislada y alienada.

Toda actividad social y de recreación ha sido eliminada. Los porches fueron retirados de las entradas, porque fomentaban la conversación y el ocio.

Lo más asombroso es que los libros están prohibidos. De este modo la conservación del conocimiento es nula y la posibilidad de reflexión es cada vez más difícil. En un mundo en el que todo es hecho a máxima velocidad, las caminatas son vistas como algo extraño y la gente está demasiado apurada para pensar o siquiera preguntarse nada de sus controladas rutinasEl automatismo es tan salvajeque a diario la gente toma pastillas para dormir. En este futuro apocalíptico, los niños se matan en las escuelas, los cementerios fueron reemplazados por los crematorios, las guerras duran  minutos y las mascotas son robóticas.

Bradbury escribió esta novela en 1953 y, casi como Isaac Asimov, nos catapultó a un hoy anticipado.

El relato gira en torno a al bombero Guy Montag, pero es acompañado por personajes que le descubren el velo para mostrarle una realidad diferente.

Clarisse una niña de 17 años se diferencia del resto del mundo porque repara en la luna, se detiene a pensar en los árboles y espera el amanecer para descubrir el rocío en el pasto.Observa a la gente, anda sola por la calle e interpela a Montag conpreguntas tan incómodas como reveladoras. En sus extrañas charlas hay dos preguntas que Clarisse le hace que determinan la historia: si él lee los libros que quema y si es felíz.

El conflicto se inicia cuando Montag reflexiona. Esta acción desata una serie de consecuencias irremediables. Comienza a manifestarse extraño, no sólo se rebela, sino que hace notorio su cambio. Como si fuese inaguantable guardar silencio. Se da cuenta de lo equivocado que estaba, su vida se desmorona en pocos días y se manifiesta en conflicto contra todo.

Ray Bradbury evoca un pesimista mundo del futuro que se asemeja, en ciertos aspectos, a la actualidad. Imagina casas con paredes que son de pantallas, hombres con aparatos en las orejas para hablar con otra gente, dispositivos que zumban en los oídos y aíslan al escucha de su alrededor -una alegoría, si se quiere, de los auriculares- para olvidarse del entorno. Una clara reminiscencia es la alienación de la sociedad, lo banal y superficial de la vida diaria, la invasión publicitaria y la presión externa para el aislamiento y la ausencia de lectura. Hoy son pocos los que se detienen en un libro, las aburridas hojas fueron reemplazadas por la radio, la televisión, el cine, Netflix, las tablets, los celulares y las variadas opciones para recibir información casi sin reflexionar, ser sólo un receptor es la premisa a la que algunos aún resisten.

En el “mundo Fahrenheit” algunos pocos también se rebelan pero con las complicaciones de ser perseguidos por pensar distinto. Latinoamérica ha sufrido la represión, la quema de libros y la prohibición de algunos títulos por considerarse peligrosos.

Los ansiolíticos, somníferos, antidepresivos y demás pastillas son de consumo abusivo tanto en el mundo de Montag como en nuestra actualidad.

Fahrenheit 451 es un libro que invita a reflexionar, las preguntas que se hace Montag interpelan al lector. Llama la atención cómo en 1953 Bradbury visualizó una realidad no muy distante de la actual. Obliga a pensar el valor que tienen los libros y la porción que sería borrada de nuestra cultura con su desaparición. El autor devela la necesidad de vivir socialmente, de pensar, de reflexionar y de sumergirse en mundos ficticios como sólo los libros pueden brindar.

La inagotable cita a Tamatori

  • Por Flor Cortés

“El sueño de la esposa del pescador”, una obra de Katsushika Hokusai cumple 206 años de perpetuidad en el mundo del arte. El artista cambia la connotación de la historia, toma una leyenda santa y la transforma en algo erótico, la fuerza de la obra está vinculada al gesto. Es contestatario, contra la moral de la época y por su impertinencia se transforma en un ícono del arte erótico japonés.

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Hokusai Dream of the fisherman’s wife 1814

El poder del grabado es tal, que reemplaza el relato y se instala como una  historia propia. Hokusai fue el primero en plasmar “La leyenda de Taishokan: Tamatori Monogatari”, pero no el último.
Su xilografía llamada Tako to Ama, está dentro del género ukiyo-e y forma parte del álbum de estampas eróticas (shunga) llamado Kinoe no komatsu.

Si reflexionamos acerca de por qué una leyenda sobre el amor paternal puede terminar en esta escena hot debemos volver a la fuente. La heroína de esta historia es una mujer del mar, tradicionalmente llamadas ama; en la antigüedad, ellas trabajaban en la búsqueda de delicias marinas.

Estas jóvenes llevaban a cabo su trabajo semidesnudas, cubiertas sólo por un taparrabos que las sujetaba al bote. Muchas veces los hombres más empoderados, se detenían a observarlas como un acto de inspiración sexual.

Utawa Kuniyoshi 1845

Esta famosa obra de 1814 se transformó en un relato erótico representada infinitas veces. Algunos contemporáneos tomaron como fuente el grabado olvidando la leyenda. Este es el caso de la obra de Utagawa Kuniyoshi de 1845.

Durante el siglo XIX surgió en Europa, un fenómeno denominado “japonismo” que consistió en la entrada masiva de objetos, estampas y grabados japoneses que llegaron a manos de coleccionistas, tornándose de amplia influencia para reconocidos artistas.

Pablo Picasso 1903

En el museo de Pablo Picasso puede observarse este fenómeno en “Imágenes Secretas”, un apartado de la colección de estampas eróticas de Picasso.

Expertos afirman que los grabados eróticos Hokusai y de otros maestros del período, fueron la influencia directa en la obra “Mujer y Pulpo” de 1903.

No hace falta irse un siglo atrás para ser testigos de la fuerte preponderancia de Hokusai. Con sólo ver “Akira”, una de las películas animé más influyente del género, obra del dibujante de manga Katsuhiro Otomo, nacido en 1954, se podrá apreciar cómo la reversionó de un modo moderno y distinto.

Katsuhiro Otomo 1988

Otro contemporáneo, Daichi Amano, que hoy representa la transgresión hot japonesa con su grotesco, hace lo propio recreando algunas de las escenas eróticas previamente construidas por sus antepasados nipones. A sabiendas que Japón tiene estrictas normas de censura respecto de fotografiar genitales, Amano resuelve su intención pornográfica envolviendo a sus modelos con cefalópodos.

Daikichi Amano 2003

El misticismo cierra el círculo dando a conocer que él y todo su equipo luego de las sesiones se comen los animales utilizados.

Hasta aquí, se referencian citas formales, transposiciones artísticas o acciones enmarcadas en un canon, pero ¿cómo se explica que Hokusai llegue más lejos aún?

Onnie Oleary 2015

Un ejemplo es el caso de Onnie O´Leary, un tatuador estadounidense que hizo sus propios honores al mejor pornógrafo japonés de la historia.

Si les interesó y desean ahondar en el tema, aquí les dejamos el texto en el que se inspiró el gran Hokusai, que lo disfruten.


La leyenda de Tamatori.

Fujiwara no Kamatari, fue un gran gobernante del Japón que falleció hace aproximadamente 1300 años, una de sus hijas, entonces esposa del emperador chino de la dinastía Tang quiso enviar tres tesoros como ofrenda para la tumba de su padre: un tamborcito de oro, una piedra de tinta y el más valioso de ellos un esfera transparente con el rostro de Buda.

Llegando a la actual provincia de Kagawa Shikoku se desata una enorme tormenta y un dragón del mar arrebata la valiosa esfera y desaparece entre las olas con una de las tres riquezas.

Diez años más tarde uno de los hijos de Kamatari, Fuhito, queriendo recuperar el tesoro, se instala en la provincia de Kagawa. Ocultando su verdadera identidad y el motivo de su estadía, contrajo matrimonio con una bella “ama tamaño” (buceadoras del mar). Luego de un tiempo a su lado se enamora, le confiesa su verdadero motivo y le pide ayuda.

Ya teniendo un hijo con Fuhito, Tamamo decide ayudar a su marido y sumergirse en el fondo del mar. En las profundidades encuentra la esfera, pero estaba guardada por un dragón.

Decide luchar contra él y recuperar el tesoro; sin embargo, en la batalla es herida de muerte. Antes de fallecer corta su pecho con una espada y esconde allí la esfera. El mar la lleva con sus olas nuevamente a la orilla y Fuhijo recupera la ofrenda para su padre.

Entierra a su esposa en el templo local y regresa con su hijo a la capital Kyoto. Ese pequeño hijo, Fusasaki, se convertiría en el líder de una de las cuatro familias más prósperas de Japón. Años más tarde volvió al templo con un monje y cambió el nombre del lugar, aunque se pronuncie del mismo modo su significado es distinto.

La leyenda de “ama tamamo” sigue vigente y su tumba aún se encuentra en el templo de Hito, en la actual provincia de Kagawa.

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