Negra soy: Victoria y la noche de los cuerpos


La peruana Victoria Santa Cruz inmortalizó con el poema “¡Me gritaron negra!” un discurso de protesta sobre el ser negro en una sociedad en constante búsqueda de la “blanquedad”.

Victoria Santa Cruz (Perú, 1922 – 2014) inmortalizó el poema “¡Me gritaron negra!” con un performance donde su voz y la gestualidad de su cuerpo crean un discurso de protesta sobre el ser negro en una sociedad en constante búsqueda de la “blanquedad”.

Latinoamérica fue y es un territorio racista. Stuart Hall mencionaba la dicotomía negro = barbarie, blanco = civilización en la construcción del estereotipo de las razas. Lo negro siempre subyugado al amo blanco, lo negro habitando el espacio de las cloacas, de las catacumbas, del subsuelo.

Y no es solo una metáfora. El acceso a la educación, viviendas con servicios básicos, seguridad alimentaria, entre otros requisitos para hacer algo más que sobrevivir en la comunidad afro es limitado, renegado, casi efímero. ¿Esto quiere decir que toda persona afro está condenada al mal pasar? No, pero sí quiere decir que no existe equidad ni las mismas oportunidades en la comunidad negra, como sí las hay en la comunidad blanca o autopercibida blanca (mestiza, lavada).

En “¡Me gritaron negra!”, Santa Cruz expone su sentir en cuanto a la piedra en la espalda que significaba “ser negra” durante su infancia, e hizo y deshizo hasta lo imposible para encajar, ¿en qué?, ¿en dónde?, ¿para qué? Ese constante grito que en su cabeza se repetía en loop: “negra” empezaba a perfilar su personalidad, llevándola a tener vergüenza de lo que era, porque lo que era no estaba en el espacio de la luz.

Victoria Santa Cruz (Foto: Cortesía)

¿Se trata solo de encajar? ¿No es encajar una forma marginal de habitar? Al habitar se llega a través del construir, dice el filósofo alemán Martin Heidegger, pero: ¿al construir qué? ¿Cómo se habita la raza? ¿Cómo se habitan las injusticias? ¿Cómo se habitan las inequidades?

Juan Acha (1993) dice que resulta un sin sentido preocuparnos por el origen de nuestro mestizaje, si fue violento o si fue impuesto, que hay que ser eclécticos y rescatar de la historia de la violencia lo favorable, en pos de una mirada más entrañable a lo que realmente somos los mestizos latinoamericanos hoy. ¿Existe una especie de superioridad moral disfrazada de un rescate a la historia cuando se mira lo mestizo y no lo afro?

Agamben lo contradice al ubicarnos en la marginalidad de la percepción contemporánea, la luz de lo que transcurre en el tiempo-espacio de lo cotidiano, impide un análisis más o menos objetivo del ahora, al contrario de lo que la distancia nos permite hacer con el pasado. ¿Podemos, entonces, ser eclécticos como propone Acha ante la pregunta, sin respuesta definida, sobre el ser, en este caso, sobre el ser negro, olvidando la cuestión social de la conquista que devino en aquello a lo que ahora llamamos tercer mundo? Todorov, con la claridad que lo caracterizaba, decía que la historia que no se cuenta es la más importante (ya sabemos por contexto empírico que la historia la escriben los que ganan), es esa historia que nace del boca a boca de lo que se vivió en una u otra época lo que realmente dibuja un panorama menos difuso de los hechos.

¿Qué define el ser, y en este caso, el ser negro? La mirada hegemónica pone a los cuerpos blancos como referente y a los cuerpos negros en la categoría de “un cuerpo otro”. Ese cuerpo otro que Valeria Flores en la introducción al ensayo de Constanzx Alvarez Castillo escrito en 2014, “Cerda Punk”, expone como “el espacio donde acontece la desidentificación subjetiva y (se) arranca los significados hegemónicos asignados a la carne forzosa y compulsivamente”.

Un cuerpo otro, un cuerpo exceso, ¿exceso de qué? De color, porque por alguna cuestión social se nos impone como una forma de la belleza. Pero, el cuerpo de Victoria Santa Cruz, podemos decir, es excesivo respecto del imaginario que impone, diría Lugones, la colonialidad del poder. Un cuerpo en disenso, el de Victoria Santa Cruz, se para fuerte y le pone fin a aquella mala interpretación de la negritud que tuvo desde su infancia. Santa Cruz ya no retrocede. Aunque su cuerpo esté en disenso con “los referentes”, los cuerpos en disenso son una idea política, puesto que ser un cuerpo es habitar una frontera.

El filósofo holandés, Baruch Spinoza, decía que hay acontecimientos del cuerpo. Así pasa con este performance y este poema, el cuerpo funciona como un acontecimiento social. Acá entra en conflicto la hegemonía de lo binario.

Esos cuerpos otros se alejan de los movimientos que reclaman la negritud como una pena, como una complejidad, como una mala suerte, y aquellos cuerpos en disenso, haciendo una interpretación política dicen, estos cuerpos otros, los nuestros, están en protesta.

La cuestión, el eje de la obra, para mí, es la pregunta por la validez del patrón que normativiza los cuerpos, el color de los cuerpos. Dicho patrón, pese a existir, es significativo, digo: ¿tiene un asidero en una realidad anterior a él o solo es una construcción, una cosa que pudo ser o no ser, que no es como las leyes de la física, que son descubiertas, sino más bien como los parámetros que la historia impone? Eso es a lo que va Victoria Santa Cruz gritando, cantando, bailando en la oscuridad de la noche de los cuerpos. Porque ella está del lado de la noche de los cuerpos.

Los cuerpos que están del lado de la luz, en el sentido planteado por Leopoldo Lugones, son los cuerpos hegemónicos. Sin embargo, los cuerpos como el de Victoria Santa Cruz están del lado de la oscuridad, y el movimiento de la obra consta en sacar a tal cuerpo de la oscuridad, armar un nivel de análisis-trampa, que es el de lo penoso y dejar una segunda capa de la cebolla, en donde se interroga sobre lo que hace que un cuerpo sea aceptable o no.

El poema de Santa Cruz vacila entre el tiempo de lo mítico y el tiempo contemporáneo. Entre lo finito del cuerpo (muerte) y lo infinito del cuerpo (enunciado) que significa lo que el otro, desde su universo preverbal, interpreta.

Así como para Spinoza los cuerpos son relacionales, ya que no solo se construye entorno a la relación de sus órganos (lo interno) sino que constituye desde su capacidad de afectar y ser afectado por otros cuerpos, para Bourriaud (tomado desde la perspectiva de Bishop) la estructura de una obra es el tema y en las obras abiertas es necesario “juzgar las relaciones que produce el arte relacional”. Bishop pone en discusión la relación entre un cuerpo otro que me mira y me impide ser totalmente yo.

El performance de Victoria Santa Cruz toma esta disyuntiva y se pregunta: ¿reproducimos jerarquías incluso en esos espacios (seguros) donde se supone somos libres? Cada palmada es dolorosa, y la idea es mantenerse de pie, luchar contra eso. Y esa lucha también es dolor.

El cuerpo como territorio que plantea Victoria Santa Cruz se erige en un contexto, señalado por Lugones, donde el paradigma biológico está socialmente construido. El cuerpo negro que protesta está allí para recordarnos los parámetros hegemónicos que subyacen en la médula del imaginario social contemporáneo.

¡Me gritaron negra!

Tenía siete años apenas,
apenas siete años,
¡Que siete años!
¡No llegaba a cinco siquiera!
De pronto unas voces en la calle
me gritaron ¡Negra!
¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
“¿Soy acaso negra?”- me dije
Sí !
“¿Qué cosa es ser negra?”
¡Negra!
Y yo no sabía la triste verdad que aquello escondía.
¡Negra!
Y me sentí negra,
¡Negra!
Como ellos decían
¡Negra!
Y retrocedí
¡Negra!
Como ellos querían
¡Negra!
Y odie mis cabellos y mis labios gruesos
y mire apenada mi carne tostada
Y retrocedí
¡Negra!
Y retrocedí . . .
¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
¡Negra! ¡Negra! ¡Neeegra!
¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
Y pasaba el tiempo,
y siempre amargada
Seguía llevando a mi espalda
mi pesada carga
—·–·—·– (percusión)
¡Y cómo pesaba¡ . . .
Me alacié el cabello,
me polvee la cara,
y entre mis cabellos siempre resonaba la misma palabra
¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
¡Negra! ¡Negra! ¡Neeegra!
Hasta que un día que retrocedía , retrocedía y que iba a caer
¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
¿Y qué?
—- (percusión)
¿Y qué?
¡Negra!
Si
¡Negra!
Soy
¡Negra!
Negra
¡Negra!
Negra soy
¡Negra!
Si
¡Negra!
Soy
¡Negra!
Negra
¡Negra!
Negra soy
De hoy en adelante no quiero
laciar mi cabello
No quiero
Y voy a reírme de aquellos,
que por evitar –según ellos–
que por evitarnos algún sinsabor
Llaman a los negros gente de color
¡Y de que color¡
NEGRO
¡Y que lindo suena¡
NEGRO
¡Y que ritmo tiene¡
NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO
NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO
NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO
NEGRO NEGRO NEGRO
Al fin
Al fin comprendí
AL FIN
Ya no retrocedo
AL FIN
Y avanzo segura
AL FIN
Avanzo y espero
AL FIN
Y bendigo al cielo porque quiso Dios
que negro azabache fuese mi color
Y ya comprendí
AL FIN
Ya tengo la llave
NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO
NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO
NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO
NEGRO NEGRO
¡Negra Soy¡

- Victoria Santa Cruz

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