Contra el negocio de la prostitución


Entrevista a Viviana Caminos, directora de la Red Nacional Alto al Tráfico y la Trata de Argentina (RATT Argentina).

Viviana Caminos es licenciada en Ciencias Políticas de la Universidad del Salvador, actualmente es directora de la Red Nacional Alto al Tráfico y la Trata de Argentina (RATT Argentina), un  colectivo de organizaciones y personas que luchan para erradicar la trata de personas en Argentina, y coordinadora regional de Organizaciones Unidas contra la Trata y Todo Tipo de Violencias (Outrav), que nació este año.

Consultada sobre la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (Ammar), Viviana aclara que el objetivo de su organización es diferente, puesto que Ammafr trabaja directamente la prostitución.

“Nosotros trabajamos trata de personas, explotación sexual y prostitución también. Estamos sumando otros tipos de violencia”, aclaró.

“Tenemos una posición distinta a la de Ammar. No somos punitivistas. En Argentina, el ejercicio autónomo de la prostitución no es un delito”, explicó.

En ese sentido, indicó que en Ammar “hay una falacia” porque “cuando dicen que hablan en nombre de las ‘putas’, han logrado instalar en la opinión pública y en la prensa que son la única organización de personas que ejercen la prostitución o que la ejercieron y eso no es cierto”.

“Hay un montón de grupos: Furia Traba, la Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos (Amadh), entre otros. Ammar es solo una sola voz, un liderazgo y, de este lado, hay un montón de compañeras travestis, mujeres sobrevivientes y que ejercen, algunas de estas organizaciones, como Amadh, que se formó con mujeres que eran parte de Ammar y se fueron cuando fue prostituida nuevamente por el dinero, por la plata”, detalla.

En el mercado de la prostitución en el mundo circula muchísimo dinero, y Viviana considera que “se generan ideologías y estas se transmiten”, y como consecuencia se crean fundaciones y organizaciones internacionales donde ponen mucha plata y “tratan de desacreditar a las abolicionistas” diciendo que están “en contra de la prostitución por una cuestión de moralismo o paquetería”.

Respecto al caso de la ONG Alianza Global contra la trata de mujeres, Caminos recuerda cómo a Graciela Collantes y Sonia Sánchez, quienes están o han estado en situación de prostitución y vivieron su experiencia con esa organización, les llegaron con dinero y les dijeron que las mujeres que trabajan en la prostitución tenían que hacerse llamar “trabajadoras sexuales” porque eran trabajadoras y debían reconocerse como tales.

“Entonces también les decían: nosotras podemos poner plata para que hagan campañas contra el SIDA y otros temas de salud, siempre y cuando se reconozcan como trabajadoras sexuales y no como personas en situación de prostitución”, contó.

Asimismo, aclaró que en RATT prefieren hablar de personas “en situación de prostitución” porque creen que “la prostitución es una situación en la vida de una persona, como puede ser una crisis existencial de la que uno puede entrar y salir”.

“La mayoría ingresa a ella de niño/a, a los doce o trece años, por una situación de extrema vulnerabilidad. Son, en muchos casos, expulsadas/os de las familias como las niñas travestis, o abusadas por sus familias, maltratadas, abandonadas y deambulan por la calle todo el día porque no existe un adulto que los/las contenga o ese adulto está pasando por situaciones tremendas”, indicó.

“Hay muchas formas por la cual una persona termina en situación de prostitución y muchos factores asociados a la trata de personas como las drogas, los proxenetas. Es, entonces, donde alguno las visualiza como vulnerables y les ofrecen un trabajo, un amor, una vida. Ingresan por ese lado”, señala Viviana.

¿Cómo abordar el tema de la prostitución?

Para la titular de RATT, “Ammar no pretende sacar a las personas de esa situación, sino que las asienta en ese lugar de prostitución”.

“Nosotros creemos que tienen derechos. Claro que tienen derechos a tener una obra social, pero no es una excusa. Hoy en día cualquier persona desocupada se hace un monotributo y puede acceder a tener obra social y, en un futuro, a jubilarse. Entonces, no hace falta. Hasta le llamaría trabajo si detrás de eso no fuera un proceso de legitimar al proxeneta. Hay que ser claros: es explotación sexual, resaltó.

La postura de los abolicionistas no es en contra de las personas que ejercen la prostitución, sino en contra  del negocio de la prostitución de aquellos que se aprovechan de la situación de vulnerabilidad de una persona para obtener ganancias”, enfatiza.

Para Viviana, es una cuestión ética. “Queremos que en el Estado existan políticas de inclusión también para personas en situación de prostitución, para darles opciones”, finalizó.


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