La deuda eterna


Paguemos nuestra deuda eterna para con aquellos que pelearon por un pueblo libre, los negros y los esclavos que liberaron la tierra invadida y arrasada por aquella corona europea.

El 12 de octubre es la fecha que nos trae un recuerdo triste para nuestro continente, lo que es el 24 de marzo para la Argentina es, o debería ser, el 12 de octubre para toda América. El comienzo del genocidio de los europeos por sobre nuestros pueblos originarios. Es quizá el más negado, al punto tal de que hasta hace poco, y cada tanto actualmente, se habla del descubrimiento de América por Cristóbal Colón y la conquista de los españoles.

Hoy en día nombramos el 12 de octubre como el “día por el respeto a la diversidad cultural”, y se sigue hablando de celebración, realmente por momentos no sabría por dónde empezar ante semejante falta de respeto por sobre todas las tribus originarias, nuestra historia e identidad.

En Argentina hablamos de diversidad cultural, preparamos el acto y descansamos en el feriado. Pero ¿Cómo podemos hablar de respeto a la diversidad cultural en el mismo país donde acusamos a los Mapuches de ser invasores de la Patagonia en el Siglo XXI? En el mismo país donde quien no habla la lengua impuesta por los “conquistadores” queda excluido de la educación y el sistema. Y aquel mismo país que cada tanto vuelve a lamentarse de no haber sido colonia inglesa para hoy ser como Estados Unidos o Australia, como si haber sido colonia inglesa nos garantizaría hoy ser potencia mundial, les deberíamos preguntar a las ex colonias de África y Asia. 

Aquellos prolijos que cada tanto recuerdan algún suceso histórico, aunque modificado para sus intereses personales, les molestaría que hoy hablemos, o que algún día logremos cumplir el sueño que nació ese mismo mes de 1492. Un pueblo libre. Libre de los conquistadores, de su religión, de sus reglas, de sus mentiras, de sus negocios y sobre todo de su historia. Esa historia que decidieron escribir y contar en voz alta para imponer sus ideas. Tanto es el poder de quien cuenta la historia que hasta el día de la llegada de Colón fue modificada, siendo esta en realidad el 13 de octubre, pero al igual que como se cree hoy en día, no era un buen número.

Nombrar el 12 como el día para respetar las diversas culturas hace creer que solo de eso se trató hace 528 años, pero poco duró ese famoso intercambio de ¿cultura? no, oro y plata por “espejitos de colores”. Los españoles entendieron de manera rápida que mejor que negociar y hablar era poner manos a la obra y extraerlo todo ¿ellos mismos? no. Las manos que harían el robo de los siglos del colonialismo serían las manos “indias”, y quien se opusiera sería torturado y ejecutado. Fue así como se redujo más del 90% la población natal, al punto tal de tener que traer esclavos africanos. Esta fue, como la llaman nuestros prestigiosos académicos, “la madre patria”, habrá sido una maternidad no deseada, porque otra explicación a la tortura de la colonia española por sobre los imperios y pueblos originarios no se explicaría. Bueno, sí, algunos dicen que era la época, que antes así se resolvían estas problemáticas. Pero entonces ¿cómo explicamos a quienes se opusieron a la realizar las torturas impuestas y decidieron oponerse a las decisiones de sus autoridades españolas para luego unirse a las comunidades nativas? Nada más ridículas que las excusas de un privilegiado para justificar su abuso de poder. 

Para entender la historia, dice Felipe Pigna en la introducción de su libro “Los mitos de la historia Argentina 1”, es importante partir del presente. Debemos constantemente ir y venir en la línea de tiempo. Ese continente de 1942 es el mismo que este. ¿Qué diferencias encontramos? Usted, que vive en Avellaneda, por ejemplo, me dirá que muchas, pero ¿aquel que vive en Chaco, habla con dificultad el castellano y lo tratan como a un extranjero? Si, los nietos de los barcos tratando como extranjeros a los nietos de esta tierra. 

Aún hoy la comunidad aborigen sufre una gran exclusión e invisibilización por parte del Estado. Mismo Estado que se llena de orgullo hablando de la lucha revolucionaria y sus principios. Pero la boca no dice lo mismo que el corazón, bueno, en algunos casos sí y algún que otro dirigente argentino se les escapan las disculpas al queridísimo Rey. Argentina tiene deudas, no solo con los bancos extranjeros, no solo con las mujeres, sino también con las comunidades que durante siglos resistieron y lucharon contra la invasión y el genocidio español, y que hoy en día apenas son recordadas como personajes antiguos y ya inexistentes en algún manual de colegio. Muertos están y los seguiremos matando cada día de nuestra vida siempre que sigamos hablando de los pueblos originarios en pasado, “Solían habitar estas tierras…” ¿Solían?

De todos modos, con una historia sin revisar seguirán siendo invisibles entre nosotros, y sin políticas públicas que los incluya seguiremos en la misma situación que en este momento. Ya siendo imposible retomar el mundo del 11 de octubre de 1492, volvamos a soñar con el que nos proponía Belgrano, San Martín, Moreno, Túpac Amaru, Juana Azurduy y muchos más. Volvamos a soñar con una patria grande, con la completa independencia por sobre cualquier metrópoli extranjera, no abandonemos la idea del federalismo y la inclusión de los más olvidados, paguemos nuestra deuda eterna para con aquellos que pelearon por un pueblo libre, los negros y los esclavos que liberaron la tierra invadida y arrasada por aquella corona europea, y no volvamos, nunca más a ser como aquellos, los prolijos, educados, académicos, que hace 210 años enviaban a sus sirvientes para pelear por su libertad. Aquellos que hasta hoy en día conservan los beneficios de la revolución. Que no nos cuenten la historia que a ellos les convenga según sus intereses, que como sabemos, no son sociales sino que económicos. 

Esta nos pertenece y nos hace libres, no hay celebración alguna para un 12 de octubre, hay y siempre habrá un grito de lucha: Patria sí, colonia no.


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