La concepción del feto desde el amor romántico


De la santidad femenina que otorga la maternidad a la obligación de parir.

“Lo que no se nombra no existe”, dice George Steiner. Al revés de lo que no existe, muchas veces se nombra para no nombrar. Así como los genitales femeninos y masculinos han devenido en hortalizas y frutos varios sin nombrarlos como cualquier otra parte del cuerpo, el embrión-feto ha devenido en bebé, niñx y/o hijx.

La distinción entre lo primero y lo segundo es que dentro del útero hay un proceso biológico con sus nombres correspondientes a cada etapa evolutiva. Y, el nombrarlos desde una relación de pertenencia o despojado de su biología, es insertarlo en la trama cultural cargado de valores. El lenguaje no es inocente a la hora de pensar que, las mujeres, tenemos la capacidad biológica de quedar embarazadas (que no es lo mismo que ser madres) y que también abortamos. Y no abortamos bebés. Jamás una mujer abortó un bebé.

Entonces la tensión entre lo público (llámese familia/sociedad/cultura) y lo privado (llámese: órganos reproductivos/útero/mujer gestante) comienza mucho antes que la división de espacios asignados social y sexualmente. Comienza a gestarse, valga en término, con el marco ideológico que, de manera maniquea, presupone e iguala un aborto a un asesinato y la “santidad femenina que otorga la maternidad”, a la obligación de parir.

El amor romántico es extensivo a otros vínculos, que quedan por fuera de las relaciones de pareja de cualquier género. El amor romántico impone su culpa, vergüenza, angustia en la mujer que no desea o no puede proseguir un embarazo por los motivos que fueren, siempre que estos motivos sean propios y que nadie los vulnere a su antojo. Hay familias y hombres/pareja que obligan a abortar a las mujeres y eso obviamente es violencia. Como es violencia proseguir un embarazo no deseado por presiones y por mandatos culturales arcaicos y misóginos. 

El debate desde el 2018 pone el foco en la legalización del aborto como un derecho urgentísimo que dé respuestas concretas a las mujeres, pero también con un cuestionamiento álgido por parte de los que hablan y justifican los derechos del niño por nacer, antes que comprender de antemano, que no hay un niño por nacer, sino un embrión que una mujer quiere abortar. Las cosas por su nombre.

El corazón es el símbolo por excelencia del amor romántico universal. El capital cultural lo utiliza para dar cuenta de amores apasionados, o de latidos sufrientes. Filosofía, literatura, canciones, películas, pinturas, esculturas, poesía, lo tienen entre sus objetos preciados y lo han tenido a lo largo de la historia moderna.

Para usufructo de las emociones femeninas: basta ver un corazón, que ya conmueve. Moviliza. Indica que algo del orden del amor anda rondando cerca. Y nos genera sentidos distintos a mujeres y hombres y otros sujetos genéricos.

La cultura de las imágenes ecográficas (romantizadas) hacen lo suyo, y fueron pensadas, entre otros usos, para las gestantes que quieren parir. Un recurso útil y necesario, al servicio de la salud del embrión/feto y de la mujer que lo aloja dentro de sí.

Y se ve por la pantalla. Aunque el corazón se muestra definido en la octava semana del embarazo, apreciándose claramente las cuatro cavidades, aurículas y ventrículos, está carente de tejido muscular y este no termina de formarse completamente hasta que no se alcanzan las 20 semanas del embarazo.

Y se ve y late. Y si late: ¿el embrión siente que late su corazón? No. Porque no tiene actividad ni sistema nervioso. Pero la representación en la imagen es lo que cuenta como percepción sensible. Las mujeres que abortan acompañadas por las consejerías, deben realizarse una ecografía para saber de cuantas semanas es su embarazo. Esas mujeres, adolescentes en muchos casos, son destratadas (obviamente no pueden blanquear su “situación”): “mamita, no es lo apropiado”. Y las miradas inquisidoras y juzgadoras generan el combo perfecto para que en los ámbitos de salud, el destrato a la mujer sospechada o confirmada abortante, sea algo corriente, de total falta de empatía. 

Mujeres “asesinas” que no quieren mirar esa ecografía que tiene un embrión con un corazón que late, porque el latido representa vida. Latido de un corazón en estado rudimentario, pero que en nuestras subjetividades performadas concatenamos significados y significantes del romanticismo obsceno. Corazón cruel. Corazón herido.

Palabras y representaciones. Corazones de chocolate y estampados en ropa y cartas de amor. Tallados en árboles y en puertas de baños públicos, jurando amor eterno.

Porque todavía queda mucho por deconstruir de esa trama macabra que culpabiliza a las mujeres por no cuidarse, por abrir las piernas, por trola. Por puta. Por ligera. Por ignorante.  Como si la violencia de género fueran solo los golpes, parte de la sociedad juzga también a la víctima y la transforma en victimaria-asesina.

Violencia es que el Estado no tenga en agenda urgente impartir educación sexual integral en las escuelas. Hecha la ley: hecha la trampa. Hay ley desde el 2006: la 26.150, que tiene quince años sin festejo ni carnaval carioca. Violencia es que no se puedan comprar pastillas anticonceptivas porque son caras, o porque no hay en la salita. Violencia es decir: “volvé mañana, mamita, que se terminaron”.

Violencia es no escuchar los latidos de temor que sí tienen las pibas, las mujeres, cuando tienen un atraso inesperado. Violencia es ir al hospital a parir el cuarto, quinto hijx y que no te expliquen que podés ligarte las trompas.
Violencia es que te cobren $8000 el Misoprostol y te pidan receta y que te cueste conseguirla. Violencia es que tengas que patear farmacias para “rogar” que te lo vendan poniéndote cara de culo, o preguntándote “¿para qué las necesitás?”.

En la situación de relaciones sexogenitales (aborto) parece que los hombres no existen. No tienen ningún rol. Lo que no se nombra no existe. Y eso también se llama violencia.




¿Te gustó la nota?

En Omago tenemos un compromiso con los derechos humanos y el pensamiento crítico. Contamos con vos para ayudarnos en esta tarea.

A <span>%d</span> blogueros les gusta esto: