El arte muralista: José Kura


Dicen que el arte habla allí donde la realidad se queda sin palabras. Ningún género artístico representa mejor ese concepto que el arte muralista.

Dicen que el arte habla allí donde la realidad se queda sin palabras. Ningún género artístico representa mejor ese concepto que el arte muralista. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que su origen es el grito de un grupo de artistas e intelectuales que toma conciencia de una realidad social conflictiva, abrazan a los que nadie escucha y amplifican sus voces en monumentales obras que hacen implosión y llegan a toda América Latina.

Esto sucede en México a principios del siglo XX, y los murales inauguran un género con una iconografía sencilla y contundente que cuenta al mundo el sufrimiento de las clases marginadas.

Cuando llega a la Argentina, donde el contexto político y social era muy diferente, se convierte en otra cosa, pierde su mística revolucionaria y deviene en obras con fines estéticos que adornan iglesias o edificios con temas religiosos y alegóricos.

Hubo un intento de reencontrar su ADN y devolverles su fuerza expresiva a través de Siqueiros, muralista mexicano que llega al país con propuestas interesantes que se convierten en un “manifiesto” perfecto, desde donde hace un llamamiento a los artistas plásticos argentinos a adherirse al proyecto. La iniciativa no prosperó, a pesar del apoyo de un sector de intelectuales. Toda la novela terminó con una de las contradicciones más llamativas en el mundo del arte, Siqueiros terminó pintando un mural en el sótano de una fastuosa mansión de clase alta.

El tiempo pasó, los estilos fueron adaptándose a los contextos. Desde Martín Ron, pasando por el genial Alfredo Segatori o la llamativa Marina Zumi, el muralismo revivió y se reinventó de manera ecléctica generando un amplio universo de obras como: extensil, grafitis, gigantografías, entre otros, con el común denominador del arte que está con todos, visto al pasar, que acompaña, el arte callejero, democrático, despojado de cualquier pretensión elitista.

Entre los excelentes exponentes del arte muralista, queremos mirar a uno en especial, por convertir a la provincia de la que es oriundo en un “paseo de murales”. José Kura realizó obras en cada ciudad, pueblo o paraje del interior de la provincia de Corrientes y convirtió a su capital en la “ciudad de los murales”.

Con una extensa y reconocida trayectoria, el artista correntino con proyección nacional e internacional, cuenta historias que aparecen en las rutas, a la entrada de un pueblo, en iglesias, instituciones, y forman parte del paisaje provincial. Su estética es inconfundible. 

Todo comienza en soledad con la idea inspiradora que debe convertirse en el relato icónico, transformado constantemente hasta llegar al modelo final. Siempre dispuesto a escuchar a los que conocen lo que debe crear. Convencido que el trabajo en equipo es el éxito del resultado, lo convierte en una persona abierta a toda sugerencia y con una sencillez poco común.

Una vez que la idea se plasma definitivamente en un boceto, comienza un trabajo previo que es arduo y pocas veces visible. Lleva mucho esfuerzo desde su inicio hasta su culminación porque se necesita de un equipo muy bien conformado con gente idónea para llevarlo adelante.

Kura trabaja con el esgrafiado, a partir de un soporte que debe construir de la nada en la gran mayoría de los casos. Allí radica la diferencia de su trabajo respecto de otros muralistas, dado que debe construir desde los cimientos el muro donde plasmará su obra. Es a partir de allí donde intervienen arquitectos, técnicos de la construcción, albañiles, pintores, carpinteros, herreros, cuyas intervenciones resultan indispensables para moldear la obra final.

La técnica del esgrafiado es tan antigua que se remonta a los etruscos y los mayas. Se hace sobre capas superpuestas de estuco (pasta de grano fino compuesta por polvos de yeso, mármol y cal) a las que se le agrega agua con tintura de acuerdo a los colores que se vaya a utilizar en cada parte del mural, permitiendo revelar las formas o dibujos al raspar en fresco cada capa.

José Kura está revestido con la armadura de la humildad. Ocupó importantes cargos en el campo de la cultura en su provincia y él se presentaba como “empleado estatal” sin ostentación alguna. Realizó obras tanto en escuelas rurales de nuestro país como en Brasil, México, Chile, Uruguay e Israel. Uno de los anhelos que persiguió desde siempre es el de utilizar esta forma artística como “herramienta de inclusión e integración”.

Desde 1998 lleva organizados siete encuentros de muralismo latinoamericano, dicta seminarios en Argentina y en el extranjero, habiendo sido siempre coherente con el género que abraza para expresarse artísticamente: un arte generoso y humano que ayuda a reflexionar contando pequeñas y grandes historias para no perder la memoria, quedando allí para siempre, a la vista de todos, resistiendo el paso del tiempo.

Su arte conserva el patrimonio cultural que se desea resguardar. Los imaginarios e identidades son prolíficos capitales simbólicos que él reproduce y transforma allí donde es convocado. Es obvio que hay detrás un interés político y social para que eso suceda, entonces es lícito reconocer en este proceso la decisión ciudadana que es la verdadera creadora de su cultura, su forma de vida, su sensibilidad para conservar o desechar historias.

El arte del mural es importante como instrumento para la producción social de sentido, en tanto y en cuanto construye en su circulación un receptor ajeno a las “industrias” culturales que actúan con su propia lógica: la de la competencia, la del consumo, la del individualismo, la del tiempo de los “más aptos”, y la de la indiferencia hacia los débiles; ajenas al sentido de lo comunitario.

Es un arte que ocupa un espacio público, no sólo expuesto a las inclemencias del tiempo y al vandalismo, sino también a las disidencias, en medio de los conflictos, en diálogo abierto entre sujetos libres. Interpela, molesta, separa, unifica criterios y, como lo señalaron los griegos, el núcleo de todos estos valores es la “ética de lo público”, entendida como esas prácticas y pensamientos de solidaridad y responsabilidad social.

El muralismo tiene todo eso, construye ciudadanos críticos, no la contemplación dócil, y alejado de los circuitos de la revolución tecnológica y las fuerzas del mercado que fagocitan todo a su paso, José Kura mantiene intacto el trabajo en equipo (especializado) ciento por ciento artesanal.

A través de él queremos agradecer a todos los muralistas argentinos y del mundo por compartir el talento de su creatividad con todos nosotros.

Finalmente, es imposible pasar por alto que nuestro artista correntino incursiona con la misma genialidad en la plástica y en la escultura, realizando cuadros y figuras de diferentes estilos y temáticas. Compartimos parte de su obra, donde las protagonistas son las mujeres captadas en sus contextos culturales.


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