La construcción del odio hacia nuestros semejantes


Entrevista al filósofo argentino Ricardo Forster.

Desde mi básico conocimiento histórico, pienso en “la peste” y automáticamente vienen a mi mente los europeos colonizando las tierras del continente americano y contagiando a los indígenas que la habitaban, pero también, pienso en los sectores más humildes de Latinoamérica y África, pienso en la pobreza y el hacinamiento.

  • Ilustración Guigui Payer
    Aunque, en este caso, la pandemia  fuese una consecuencia del capitalismo globalizado y neoliberal, de las rutas comerciales y turísticas y de los esquemas productivos, no tardamos, como sociedad, en construir discursos que señalen y echen culpas a un ‘otro’. No tardamos en escrachar a aquellos que se contagiaban, en querer “despedir de los edificios” a lxs trabajadorxs de la salud, no tardamos en construir teorías conspirativas maliciosas, ni en descreer en la palabra de personas que han dedicado su vida entera a estudiar estos fenómenos. ¿Qué se esconde detrás de estos discursos? ¿El miedo? ¿El odio?

Cabe destacar que los que menos tardaron en replegar estos discursos – el virus chino, el virus que no existe, el virus que sólo es una gripecita- fueron mandatarios, algunos de las principales potencias mundiales como Trump, pero también Bolsonaro, Boris Johnson, sectores políticos como parte de la oposición argentina, y ahí, claramente, se esconde una fórmula mucho peor: el miedo, el odio, el poder y una única premisa, el interés económico de unos pocos vale mucho más que la vida de muchos.

En una entrevista exclusiva con Ricardo Forster, filósofo y asesor presidencial de Alberto Fernández, hablamos de estos conceptos y de los lugares más oscuros que enfrenta la sociedad argentina.

Detrás del imaginario de la peste está el imaginario del peringo, del otro, del extranjero, del diferente, todo eso mueve miedos atávicos. El pobre que vive en condiciones de intemperie y hacinamiento, y que por lo tanto puede contagiar a las clases medias mejor alimentadas y más saludables… podemos construir toda una literatura en relación a la pandemia, la peste, el virus y el miedo, el terror, la reacción e incluso la violencia”.

“No cabe duda que en el imaginario, no solamente el actual, sino en larga data, el lugar de la peste y la pandemia es un lugar muy asociado al temor, por lo tanto enfrentarse a una pandemia como la que estamos viviendo es remontarnos a esas estructuras muy arcaicas del horror más primitivo que se vincula con la muerte, con la pérdida, con deshacer los lazos a través de los cuales uno construye su vida cotidiana”, explica el filósofo.  

Desde ese temor algunos sectores de la sociedad se refugian en el mecanismo de defensa de la negación, y muchos otros aprovechan la boleada para, sea cual fuese el contexto, odiar al otro, y por supuesto, odiar al gobierno popular de turno. El neoliberalismo se hace fuerte cada vez que en nombre de la libertad se reprimen los derechos de los más vulnerables. “La libertad” fue un concepto utilizado en la historia para visibilizar la esclavitud, la opresión, la rebelión ante la oligarquía dominante, pero como siempre, el capitalismo fue práctico y efectivo, se apropió de un concepto que -en su estructura de funcionamiento social- sólo es aplicable para aquellos que nacen con oportunidades extraordinarias y utilizan estas libertades para, nuevamente, oprimir, avasallar y dominar a todos los demás, como todo círculo vicioso que empieza y termina en un mismo lugar, es decir, que nunca termina.

En nuestro país, atrás de la bandera de las libertades, en un momento único en el que mundialmente hubo que recurrir a medidas gubernamentales que nuestras generaciones no habían llegado a experimentar nunca -la llamada cuarentena- los medios de comunicación hegemónicos envalentonaron marchas opositoras que ponían en riesgo a sus propios participantes.

Se ha montado un dispositivo de oposición apoyado por los grandes medios de comunicación que usan incluso las fechas patrias como fechas para demostrar que se quiere proteger la Argentina de la democracia, de la libertad, de la república, frente al avance de un ‘populismo autoritario’ que cercena las libertades, se llamó a marchar el 17 de agosto, el día de San Martín, el gran libertario de américa y se lo convirtió en un defensor de la república de los pocos. Hay una relación directa, política, entre el enfrentarse a la cuarentena, en salir a marchar contra las decisiones del gobierno, que al mismo tiempo es replicado por una parte importante de los medios de comunicación concentrados, donde el descrédito a la cuarentena, la descalificación de las decisiones del gobierno, el buscar debilitar precisamente lo que ha significado la cuarentena como un instrumento clave para disminuir el daño y las muertes en Argentina, se traduce rápidamente en un consignismo político ligado ahora a la ley de reforma judicial, o en su momento a lo de Vicentín, o cualquiera de las decisiones que el gobierno vaya tomando”, relata Ricardo Forster. 

La consigna de la libertad, en nuestro país, empezó a ser funcional para oponerse a cualquier acción que llevara adelante el gobierno popular de Fernández. No importa de qué hablemos, seguro que nos están sacando la libertad de “expresión, de decisión, de vivir, de manejar nuestra plata”, etcétera, etcétera.  Porque la única forma que ha encontrado la oposición, desde el 2003 a esta parte, para generar posibilidades de ganar las elecciones -y bien ha funcionado en el 2015- es denostar, desacreditar y divulgar una cantidad de fake news a través de los grandes medios de comunicación, sobre los gobiernos populares, en definitiva, a través de generar odio.

“Entendemos que las consecuencias de las políticas neoliberales son las extranjerización de la economía, el endeudamiento, la pérdida de puestos de trabajo, el empobrecimiento de una parte importante de la población, la caída de la clase media,
imaginate medios de comunicación concentrados que estén todo el día diciendo que ‘el neoliberalismo y las políticas de apertura económica son maravillosas y que nos van a llevar al éxito como sociedad’, cuando el contraste inmediato es la fragmentación social, el empobrecimiento y el endeudamiento. Tienen que buscar otras estrategias, tienen que elegir un chivo expiatorio, y ese chivo expiatorio es el populismo, el autoritarismo, es en este caso Cristina Kirchner que ha sido construida a lo largo de estos diez años en la bestia negra de la vida argentina. Es más fácil para el discurso amarillista, sensacionalista, sin argumentos de los dispositivos comunicacionales concentrados, atacar sobre zonas que son muy próximas a la lógica de lo afectivo, de los miedos, de los resentimientos y del odio, que tratar de construir argumentativamente un discurso de por qué la sociedad organizada de acuerdo a los parámetros del libre mercado es mejor que otro tipo de sociedad. Los medios de comunicación no trabajan desde esa lógica, trabajan desde la lógica del impacto, desde la lógica de la demolición, desde la lógica del miedo, y trabajan también proyectando sobre la sociedad la idea de que ya no hay argumento, lo que hay es confrontación entre el blanco y el negro. Desde ese lugar las empresas comunicacionales que responden a un interés económico, a una ideología política, en todo caso, vieron en el macrismo el que mejor podía representar sus intereses, en la medida que el macrismo ya no sea quién represente esos intereses buscaran otras alternativas pero, hoy los medios de comunicación son el poder, son la construcción sistemática de un proyecto neoliberal en la Argentina, porque la coorporación mediática está enlazada a los grandes grupos económicos, está enlazada a la financialización de la economía, a la especulación, y por lo tanto su principal objetivo es impedir que un proyecto que reconstruya estado social, derechos, democracia, sea diario en un país como el nuestro”, continúa Forster.

Pero si hay una pregunta que nos cuesta tanto comprender a aquellxs que militamos la ideología de clase, es en relación a la figura de aquella persona que con su fiat 147 se traslada en medio de una pandemia al centro de la ciudad a defender a una mega empresa como Vicentín. 

“Hace unos años, hablando con el encargado de un edificio de una de las esquinas emblemáticas de la Buenos Aires oligárquica, le pregunté si el resto de sus colegas encargados de edificio pensaban como él -porque era un tipo que políticamente reivindicaba al gobierno de Néstor y Cristina- y el me dijo ‘no, todo lo contrario, el resto de los encargados de edificios miran el mundo con los ojos de los propietarios de los departamentos’. Hay una proyección, hay una identificación con el rico, con el exitoso, con el glamour, con lo que sistemáticamente se muestra a través de los medios de comunicación, esa admiración a Estados Unidos que hace que proyecten el ideal de vivir como en California, o en Miami. Un sector importante de las clases medias, incluso las clases medias bajas, siente un profundo resentimiento hacia los sectores más pobres y populares por el miedo a la caída en abismo, por la identificación cultural con el que está por encima de ellos, y también por algo que viene de lejos, y que viene incluso de nuestros abuelos y bisabuelos inmigrantes, que siempre repetían la frase ‘los gauchos son todos vagos, los únicos que nos rompemos el lomo y que construimos ladrillo sobre ladrillo y que todo lo que tenemos es el producto de nuestro trabajo somos nosotros’. Eso lo hemos escuchado repetidamente y viene de una cultura del inmigrante, sobre todo del europeo pobre, que pudo aprovechar la movilidad social ascendente de la Argentina de los años 30’ a los 60’ y construyó una representación cultural donde el provinciano, el cabecita negra, el pobre ‘nacional’, era el vago, el delincuente, o el que trataba de trabajar lo menos posible, y que la riqueza del país era producto de los gringos que habían trabajado la tierra”, explica Forster y agrega: “Toda la mitología de la clase media que a su vez es muy autorreferencial e individualista, pocas veces tiene una visión social, histórica que le permite identificar políticas públicas, una parte importantísima de la clase media que se vio beneficiada por los cambios estructurales de la vida económico-social generada por el peronismo fueron radicalmente antiperonistas. Esto tiene que ver con construcciones culturales, con modos de identificar bajo la lógica y el resentimiento a todo ese mundo peligroso y oscuro que es el mundo de lo popular, de la pobreza que está siempre amenazando ‘lo que es mio’, y la proyección no es hacia arriba en términos de rechazo, sino que es hacia abajo, porque hacia arriba lo que se proyecta es un deseo de ser parte o es una mirada de fantasía respecto a lo maravilloso que es el mundo de los ricos, entonces ahí se construye todo un sistema de represantaciones culturales, sociales, políticas, que muchas veces trabajan con el prejuicio, con la discriminación y con el odio”. 

El problema social empieza a confluir probablemente cuando ese odio de las clases medias y bajas ocupan lugares de “poder” y en pos de defender los intereses oligárquicos (y en consecuencia de la necesidad de expresar el odio) asesinan -no hay otro verbo que refleje la acción- a sus pares. Entonces nace, indefectiblemente, la relación social entre las fuerzas de seguridad y las personas -que se supone- debieran proteger

“Hoy, si vos me preguntas donde hay un lugar oscuro, maldito, y cloacal de la vida Argentina te diría inmediatamente en las policías. Tanto en la policía federal como en las policías provinciales, o en la policía de la ciudad de Buenos Aires, el lugar de lo oscuro, del horror, sigue estando. Donde vayamos vamos a encontrarnos con actos de impunidad, de violencia de gatillo fácil, y donde por supuesto los adolescentes y los jóvenes de origen popular son la carne de cañón, las víctimas propiciatorias de esa policía de la infamia que a su vez está muy vinculada a los negocios del narco, a las distintas formas delincuenciales y a su vez muy protegida también por las estructuras judiciales que en gran medida las han protegido, han hecho negocios en conjunto”.

 “Aquí hay un problema gravísimo para la democracia Argentina que involucra también al poder judicial. No es posible la existencia de fuerzas de seguridad con impunidad, sin poder judicial que las proteja. A su vez, durante mucho tiempo los poderes políticos también protegieron a esas fuerzas de seguridad, por eso se vuelve imperioso avanzar en una reforma estructural, y se vuelve tan difícil al mismo tiempo”, concluye Forster.


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