Jujuy, una provincia paradójica


La provincia de Jujuy fue tildada de “inviable” por su alejamiento de los grandes centros urbanos de consumo.

Entre la protección y la especulación política

La provincia de Jujuy es paradójica y cargada de historias. Fue tildada de inviable por su alejamiento de los grandes centros urbanos de consumo (es la más septentrional del país); por la falta de agua para riego y la enorme extensión de la sequedad (y la altura) de la puna; por la ausencia de emprendimientos productivos, entre otras cosas. Y esta falsa creencia (hoy se puede sacar agua hasta de las piedras) se extendió hasta tal punto que el gobernador Gerardo Morales aseguró que ganó las elecciones porque “Jujuy sí es viable para su proyecto de gobierno”, que incluye la “pacificación social” con la detención de Milagro Sala para terminar con “la violencia”.

Lo cierto es que la producción de azúcar y papel en los ingenios encabezados por Ledesma; los pocos emprendimientos mineros, el tabaco, el cemento y la horticultura, no alcanzan para dar trabajo, vivienda, salud, educación ni recreación a sus 750 mil habitantes. Y en lo financiero, el gobierno apenas recauda el 10 por ciento de lo que necesita para gastos corrientes, funcionamiento burocrático y emprendimientos estatales. 

Pero, ¿quién es Gerardo Morales? Un hábil radical fogueado en 25 años de experiencia en la cosa pública como secretario de gobierno municipal, diputado provincial, senador nacional y ahora gobernador. Aprendió a negociar -con su cuota de posverdades, promesas incumplidas, votaciones coyunturales y financiación oficial limitada, pero efectiva, para sumar voluntades- detrás de Pichetto y otros sagaces personajes en la Cámara Alta.  Fue además, viceministro de acción social de Fernando De La Rúa. 

Cuando ganó el ejecutivo en 2015, con el apoyo de Macri y Massa, se apropió rápidamente del poder total poblando una corte adicta con diputados y ex diputados radicales; paralelamente, recibió aportes de Gil Saavedra y otros operadores judiciales -de Macri- para garantizar el mantenimiento arbitrario en la cárcel a Milagro y los tupaqueros, que soportan juicios increíbles.

Ni hablar del presidente renunciado del Superior Tribunal, Pablo Baca, quien reconoció que la prisión de la dirigente social fue para que el gobernador pueda gobernar tranquilo. Más todavía: su campaña se asentó, en el escrache público a Milagros. Morales evitó y evita, además, el trabajo de  los organismos de control del dinero que llega a sus manos. 

Cuando llegó la pandemia, y apelando a la TV en los programas del COE, adoptó una actitud caudillesca y seudoprotectora con el prepo a flor de labios (cual patrón de barrio asentado en su condición de gobernador), incluyendo lenguaje popular y todo eso: “Vamo’ a terminar con el bicho que nos jode a todos”, decía Morales respecto al virus, mientras menospreciaba a los periodistas inquietos.  

El problema es que el gobernador se creyó ese lenguaje autoritario -y el uso del poder que supuestamente vive detrás de ese lenguaje- que, en principio, el pueblo aceptó en silencio, hasta con humor.  Aprovechando el agotamiento, la crisis de los referentes del justicialismo y la sumisión del pueblo jujeño, se embarcó en  proyectos faraónicos que endeudaron a la provincia en más de 1.500 millones de dólares, con garantía de la coparticipación, sin contar la deuda en pesos. 

Una planta solar de Cauchari, de 200 megavatios, que todavía no aporta ni un electrón al circuito interconectado nacional y que hay que comenzar a pagar, en dólares, por supuesto;  Un tren turístico con energía solar, desde la localidad de Volcán hasta el Cuzco (unos 1.000 kilómetros) que todavía no existe y del cual se construyeron apenas 10 kilómetros de vías; el Proyecto Girsu, de Tratamiento de Residuos, que nadie sabe dónde está, ni cuál es su equipamiento, ni que es lo que hace, como tampoco las Cámaras de Vigilancia chinas contra la delincuencia.

 Algunos proyectos funcionaron porque venían de antes y porque se encuentran trabajando con dinerillos que proveyeron capitales extranjeros para la extracción y exportación de Litio en dos mineras: Exar y Sales de Jujuy, socia esta última, de Jemse, una sociedad provincial minera. Pero el virus hizo estragos entre sus trabajadores y tuvieron que detener la producción. Y una enorme plantación de marihuana para exportar a una empresa de EEUU que allá produce aceite. 

Esa es la provincia de Morales, en apretada síntesis, donde hoy explotó el covid-19 con inusitada violencia y su cuota de muertos e infectados que lidera sobre otros estados. Por supuesto, la ayuda nacional llega a raudales, para pagar sueldos, gastos corrientes y la atención a la salud que ya colapsó en camas y tiene al pueblo en cuarentena total. 

Como se puede ver, Jujuy no es inviable: da para todo, aunque sorprende que pueda sobrevivir racionalmente en las actuales condiciones. Hoy Morales se ha convertido en el mejor alumno del presidente Fernández, mientras espera financiación nacional para pagar sus deudas. Hasta el jefe de la bancada de la UCR, Alberto Bernis, dijo que ellos son “Nacionales y Populares”. Creer o reventar. 


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