Una sociedad ardiente: Reflexiones sobre Fahrenheit 451


La novela de Ray Bradbury cuenta la historia de un mundo futurista en el que el planeta está superpoblado, la sociedad está aislada y alienada.

Toda actividad social y de recreación ha sido eliminada. Los porches fueron retirados de las entradas, porque fomentaban la conversación y el ocio.

Lo más asombroso es que los libros están prohibidos. De este modo la conservación del conocimiento es nula y la posibilidad de reflexión es cada vez más difícil. En un mundo en el que todo es hecho a máxima velocidad, las caminatas son vistas como algo extraño y la gente está demasiado apurada para pensar o siquiera preguntarse nada de sus controladas rutinasEl automatismo es tan salvajeque a diario la gente toma pastillas para dormir. En este futuro apocalíptico, los niños se matan en las escuelas, los cementerios fueron reemplazados por los crematorios, las guerras duran  minutos y las mascotas son robóticas.

Bradbury escribió esta novela en 1953 y, casi como Isaac Asimov, nos catapultó a un hoy anticipado.

El relato gira en torno a al bombero Guy Montag, pero es acompañado por personajes que le descubren el velo para mostrarle una realidad diferente.

Clarisse una niña de 17 años se diferencia del resto del mundo porque repara en la luna, se detiene a pensar en los árboles y espera el amanecer para descubrir el rocío en el pasto.Observa a la gente, anda sola por la calle e interpela a Montag conpreguntas tan incómodas como reveladoras. En sus extrañas charlas hay dos preguntas que Clarisse le hace que determinan la historia: si él lee los libros que quema y si es felíz.

El conflicto se inicia cuando Montag reflexiona. Esta acción desata una serie de consecuencias irremediables. Comienza a manifestarse extraño, no sólo se rebela, sino que hace notorio su cambio. Como si fuese inaguantable guardar silencio. Se da cuenta de lo equivocado que estaba, su vida se desmorona en pocos días y se manifiesta en conflicto contra todo.

Ray Bradbury evoca un pesimista mundo del futuro que se asemeja, en ciertos aspectos, a la actualidad. Imagina casas con paredes que son de pantallas, hombres con aparatos en las orejas para hablar con otra gente, dispositivos que zumban en los oídos y aíslan al escucha de su alrededor -una alegoría, si se quiere, de los auriculares- para olvidarse del entorno. Una clara reminiscencia es la alienación de la sociedad, lo banal y superficial de la vida diaria, la invasión publicitaria y la presión externa para el aislamiento y la ausencia de lectura. Hoy son pocos los que se detienen en un libro, las aburridas hojas fueron reemplazadas por la radio, la televisión, el cine, Netflix, las tablets, los celulares y las variadas opciones para recibir información casi sin reflexionar, ser sólo un receptor es la premisa a la que algunos aún resisten.

En el “mundo Fahrenheit” algunos pocos también se rebelan pero con las complicaciones de ser perseguidos por pensar distinto. Latinoamérica ha sufrido la represión, la quema de libros y la prohibición de algunos títulos por considerarse peligrosos.

Los ansiolíticos, somníferos, antidepresivos y demás pastillas son de consumo abusivo tanto en el mundo de Montag como en nuestra actualidad.

Fahrenheit 451 es un libro que invita a reflexionar, las preguntas que se hace Montag interpelan al lector. Llama la atención cómo en 1953 Bradbury visualizó una realidad no muy distante de la actual. Obliga a pensar el valor que tienen los libros y la porción que sería borrada de nuestra cultura con su desaparición. El autor devela la necesidad de vivir socialmente, de pensar, de reflexionar y de sumergirse en mundos ficticios como sólo los libros pueden brindar.

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