El genocidio como técnica de control social


Ningún genocidio fue llevado a cabo porque los perpetradores son malvados, es una técnica de control social, una herramienta de poder.

  • Por Daniel Feierstein

El eje del concepto de derechos humanos fue creado en función de la violación del aparato estatal de los mismos: cualquier ruptura del lazo social es particularmente grave cuando esa ruptura la lleva a cabo el responsable de la protección del lazo.

Es importante destacar esto, porque ha perdido mucha fuerza la importancia de defender los derechos humanos. Surgen discursos como: “se defienden los derechos de los delincuentes y no se defienden los derechos de la población que es agredida por los delincuentes”, en ese razonamiento se pierde la lógica de plantear la especificidad que tiene que la violación sea cometida por el aparato estatal.

Lo planteo, para que se entienda mejor, como el modelo familiar: uno no puede pedirle al hijo la misma responsabilidad que al padre. No hay una simetría en ese sentido, el padre tiene más responsabilidad porque tiene la autoridad. La idea de la protección de derechos humanos es que el que ejerce la autoridad (la fuerza de seguridad, los funcionarios políticos, el Estado) tiene una obligación mayor sobre cómo ejerce esa fuerza y ahí se vincula el concepto de derechos humanos.

El genocidio es una de la múltiples formas de violación de derechos humanos que podemos tener por parte del aparato estatal. De hecho, es la más extrema. No es solo limitar los accesos a la salud, a la educación, torturar, generar condiciones de detención que no sean aceptables, sino que es directamente decidir sistemáticamente destruir a una parte de la población y ahí está la especificidad.  Lo más importante de comprender es cual es la finalidad del genocidio. Ningún genocidio fue llevado a cabo porque los perpetradores son malvados, es una técnica de control social, es una herramienta de poder.  

Se conoce bastante poco de las lógicas políticas del exterminio nazi, paradójicamente en su diseño existen muchos puntos de contacto con el uso moderno del genocidio. En la antigüedad también hubo genocidios pero tuvieron otras lógicas, en cambio en su implementación moderna, se implementó el terror para modificar las relaciones sociales; y el terror resultó sumamente efectivo.

En el fondo los seres humanos -en nuestro desarrollo más primitivo- tenemos una estructura que proviene del animal, un poco más desarrollados, pero conservamos elementos que están en el funcionamiento de cualquier animal, en particular en los mamíferos y primates, en la que la acción está regulada por distintos elementos y el regulador más importante sigue siendo la necesidad de supervivencia. El terror modifica de un modo inmediato el comportamiento, porque no hay tiempo de aprender.

A comienzos del siglo XX, se descubre el funcionamiento de las estructuras de poder con algunas implementaciones del uso del terror.

El proyecto nazi no tuvo una lógica preexistente o previamente consolidada, sino que fue descubriendo sobre su propia implementación un intento de transformar la sociedad alemana con el recurso del terror. Los campos de concentración que el nacismo construye entre 1933 y 1938 se parecen mucho más a la dictadura argentina, donde fueron internados básicamente alemanes desocupados, disidentes políticos, homosexuales y una cantidad de fracciones de la sociedad alemana.

Cuando ese proyecto se expandió a todo Europa -en una lógica que sí fue en algún punto ya megalomana- impartió, a partir del terror, un rediseño racista que llevó al aniquilamiento de la población judía y gitana en una escala a la que nunca llegó ningún proceso en América Latina.

En todo ese primer periodo de surgimiento y consolidación del nazismo 33’-38’ hay un modo de transformación de la sociedad alemana que es muy parecido a los procesos genocidas que hemos podido observar en nuestra región. Es el uso del campo de concentración como institución para transformar la sociedad a través del terror, donde el eje no está puesto en lo que le ocurre a la gente que pasa por el campo de concentración, sino en la existencia en sí misma del campo de concentración para aterrorizar al afuera. Es un paso más que “vigilar y castigar”.

Foucault habla de una técnica de disciplinamiento work house, disciplinar el cuerpo de los dominados para poder someterlos en la dinámica del funcionamiento fabril, en un contexto en el que el orden económico genera mucha más expulsión, que inclusión de mano de obra. Cuando aparece este proyecto de utilización del terror para disciplinar a la población, no es tanto en términos de disciplinar su cuerpo para trabajar, sino disciplinar sus relaciones sociales para impedir la cooperación, la solidaridad, para poder garantizar la obediencia mucho más firme y basada en la destrucción moral. Lo que viene de la mano de de la utilización del terror es el intento de instigar los vínculos sociales: si la otra persona es aquel que me va a delatar o aquel al que voy a delatar, no hay ninguna posibilidad de establecer lazos de solidaridad.

 Después de la segunda guerra mundial todo ese conocimiento es aplicado en la experiencia latinoamericana de modo mucho más intencional. No hay documentos del nazismo en el que se pueda encontrar claridad sobre lo que hacían, porque lo iban descubriendo mientras lo hacían. En cambio en la Argentina, por plantear el más emblemático, está “El reglamento de operaciones psicológicas”, un documento militar de 1968, previo a la existencia de las organizaciones armadas de América Latina que ya planteaba el uso de la angustia y del terror, para modificar la identidad.

Es decir, toda una cantidad de aprendizajes para implementar el proceso represivo, que de ningún modo estaban claros en el nazismo, y que están sumamente claros en la experiencia de América Latina, que es la estructura -toda esa red de campos de concentración- y el uso del terror. 

En este sentido, es clave entender los modos con los cuales el terror termina jugando en las distintas formas de representación del terror: realización simbólica del genocidio. Es la última etapa del proceso, pero es la única etapa que no puede ser diseñada por los perpetradores. El perpetrador puede hacer todo lo demás; lleva a cabo un genocidio, decide cómo construye la noción de enemigo, cómo excluye a esa población, cómo se aísla, etcétera. Pero cómo el conjunto de la sociedad va representar lo que pasó, no es algo en lo que pueda tener un nivel de incidencia tan directo, entonces el nivel de incidencia pasa por suponer que el terror va a producir determinados modos de representación. Es una apuesta que no pueden manejar. Acá está la importancia de estudiar el funcionamiento del genocidio:

La mayoría de las representaciones que legitiman el terror no surgen de los perpetradores, surgen de la propia sociedad.

El ejemplo más claro es lo que se llamó “la teoría de los dos demonios”, porque no fue una estrategia que creó Videla, Massera o Galtieri, no fue una teoría de los perpetradores del genocidio, sino que surgió del conjunto de la sociedad en busca de dar explicaciones a lo que estaba sucediendo. Incluso al principio buscó legitimar el juzgamiento de los perpetradores. La teoría de los dos demonios implicó una legitimación del uso del terror, esta  idea de que los militares vinieron a poner orden y a eliminar el desorden y el caos en la sociedad argentina. Lo interesante de las representaciones en la Argentina es que todo eso fue puesto en cuestión por la propia sociedad y terminó siendo sostenida por los perpetradores que dicen “en verdad deben haber hecho mal las cosas los militares, pero los otros también”. 

 Acá subyace la importancia de entender que las violaciones de derechos humanos fueron (y son) cometidas por el Estado. Existe una tendencia dialéctica a equiparar el daño social cometido por la violación de los derechos humanos, con el daño causado por individuos, que no deja de ser daño social, pero no es lo mismo.

A algunos organismos de defensa de los derechos, les costó entender que la violación de DDHH fue cometida por el Estado y que por lo tanto un organismo de DDHH siempre debe estar enfrente del aparato estatal y denunciando cualquier violación de parte del mismo.
¿Qué quiero decir? Por supuesto que existieron gobiernos que violaron los derechos humanos de determinada manera, y otros gobiernos que lo hicieron en un nivel muchísimo menor. Es importante poner en la mesa estas diferencias, de hecho, durante algunas presidencias se hizo justicia y/o se disminuyó el nivel de violaciones que ejerce el propio Estado.

Pero no debemos dejar de tener en claro que el Estado siempre viola los derechos humanos, y es requisito indispensable que el organismo que defiende los derechos esté parado en otra vereda, denunciando la violación.

Esa violación puede ser el aniquilamiento, la represión de la protesta social o puede ser el no darle las condiciones de salud y educación que corresponda a la población, y por supuesto que esas tres cosas no son lo mismo y el nivel de violación de DDHH por parte de la Argentina no fue siempre igual, pero eso no quita que siempre exista violación por parte del aparato estatal. La función del organismo de derechos humanos es señalarlos.

Los pueblos originarios históricamente han sufrido una violación constante de los derechos, no siempre de la misma manera, pero han sufrido el peso del aparato estatal. Y hay otros sectores que fueron cambiando, que vivieron de manera distinta ese peso. Los sectores que sufren violación de derechos humanos por parte del aparato estatal no son iguales entre sí, de ahí viene la complejidad. Existen sectores que son muy enriquecedores para la sociedad y otros que no, pero en ningún caso debe ser aceptable la violación de los derechos. 

Por otra parte no debemos olvidar el rol de los medios de comunicación. Durante la dictadura militar en Argentina, los medios tuvieron un papel fundamental, pero existe una heterogeneidad en el accionar de los medios, decir “los medios en Argentina hicieron…”, es ocultar esa diversidad. La pregunta que debemos hacernos es ¿Qué medios? Hubo grupos mediáticos que han tenido niveles altos de complicidad, de ocultamiento y partícipación en operaciones de prensa.

Medios que intentaron atemorizar a la sociedad, confundirla o negar lo que estaba ocurriendo, como el grupo Atlántida, un caso muy claro. Pero por otro lado hubo medios como Buenos Aires Herald o Nueva Presencia, un medio específico de la comunidad judía que se destacó por la denuncia de los hechos y el intento de producir articulaciones sociales y dar visibilidad a lo que estaba ocurriendo. Destacar las diferencias es esencial porque denota la gravedad de la denuncia hacia los medios que fueron cómplices, que haya habido medios que en plena dictadura denunciaban los hechos demuestra que ser cómplice no era la única posibilidad. Hubo una cantidad diversa de reacciones tanto en la sociedad como en los medios de comunicación. 

En conclusión, y el objetivo principal del estudio de los genocidios, es entender que el exterminio no tiene como objetivo solamente aquellos que son asesinados, sino que el grupo objetivo es toda la sociedad. La finalidad del genocidio es reducir la identidad, transformarla quitando partes de esa identidad.

Tanto el concepto de derecho humano como de genocidio son conceptos que fueron construidos por el derecho internacional, por lo tanto no dependen de una interpretación cultural. La sociedad tiende a construir relatos que son sedantes, es decir tranquilizadores, a través del desarrollo de la teoría de la conquista del poder por alguien muy malvado que expresa su maldad aniquilando gente. Por lo tanto si nosotros podemos “mantener a raya a los malvados” no va a haber más matanzas ni genocidios. Este modo de comprensión de la realidad en términos de buenos y villanos termina siendo muy perjudicial, no permite entender las lógicas sociales detrás de esos procesos históricos que no se explican en términos de buenos y malos, que no se explican en términos de los alemanes contra el mundo, sino que se explica en términos de una tecnología de poder que buscó transformar a la sociedad con el apoyo y complicidad de gran parte de los poderes de la época. Tanto en el caso del nacismo como en el de cualquier otra experiencia genocida. 


Es fundamental desmontar esos relatos, porque nos impiden actuar contra los procesos genocidas y hasta pueden colaborar en la formación de nuevos genocidios, porque si todo se trata de enfrentar a los malos ¿Qué pasa si los malos son otros?. No cabe pensar que los alemanes en su totalidad colaboraron con el nacismo, fue una estrategia política para modificar la sociedad. No podemos pensar como buenos y malos sino como estrategia política de acción. 

Se debe deconstruir estos relatos sedantes, no sólo por los organismos de derechos humanos sino a través de la presencia de interrogantes en la sociedad, en todos los planos, obra política, artística, cine, discusiones en escuelas y en distintos ámbitos que permiten que el tema esté siempre presente y que estos relatos sedantes o hollywoodenses nunca ganen la conciencia pública. 


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