Zapatismo y filosofía tseltal: Ch’ulel y el sueño de un otro devenir


El movimiento zapatista ancla sus raíces en lo profundo de la cosmovisión tseltal, como concreción del Ch’ulel-espíritu-conciencia a través del imaginar y soñar un otro devenir individual y colectivo (xWaychinel Lum-K’inal) más allá del colonialismo hegemónico.

  • Por Juan López Intzín

A manera de introducción mencionaré en breves líneas que esta reflexión es el resultado de lo que llamamos en mi lengua natal, maya tseltal, xcha’ sujtesel o’tan, lo que en castellano significa aproximadamente “hacer volver de nuevo el corazón”. ¿A dónde? Sería la pregunta inmediata. Vale decir que no sólo es una expresión que aglutina algún sentido o significado en nuestra lengua y cultura. Nombra actos en un proceso histórico que tiene que ver con la reflexión profunda, con reconsiderar decisiones y proyectos políticos personales y colectivos. En otro sentido, nos podemos referir al retorno a nuestra ancestralidad. Dicho en otros términos, es hacer volver el corazón a un lugar o sitio —caracterizado por ciertos hábitos o estilos de vida— en donde ya estuvo en algún momento.

En mi caso, la reflexión que hago parte de mi propia lengua pero, como sujeto convertido en subalterno por un sistema hegemónico de conocimiento, tuve que despojarme de ciertos hábitos aprendidos desde dicho sistema. Sólo así me ha sido posible redescubrir constelaciones de pensamiento ancestral maya tseltal que siempre han gravitado ahí, en la cotidianidad de la vida comunal, en nuestra propia lengua, en los momentos ceremoniales, en las leyendas, mitos y ritos que practicamos. Hacer volver mi corazón a mi propia ancestralidad ha sido una concatenación de actos múltiples y diversos que me han permitido efectuar una hermeneútica intercultural, visibilizando otros modos de cohabitar el mundo, de nombrar la vida, de ser-estar, sentir y pensar en-y-con el Lum-K’inal (Cosmos).


EL ZAPATISMO Y EL XWAYCHINEL LUM-K’INAL

Otro término sobre el que he reflexionado es el de xWaychinel Lum-K’inal, utilizado para referimos a los actos de soñar la vida en estado consciente, de soñar el mundo, de imaginar el devenir. Se trata de prefigurar de manera personal y colectiva ciertos deseos e ideales que se van concretando paso a paso. Una concreción, entre otras, del xWaychinel Lum-K’inal en Chiapas-México es el zapatismo. Un movimiento sistémico y articulado con otras propuestas locales y planetarias como resultado histórico de una deconstrucción y reconfiguración del Ch’ulel-espíritu-conciencia.

La construcción política y reconfiguración de las mentalidades que existen en las comunidades para luchar por un “mundo donde quepan muchos mundos” requirió, además de vivir en carne propia el despojo y el desprecio, soñar el mundo, imaginar otra vida digna posible que luego se concretó en acciones. Es así como se construyó y se sigue construyendo ese otro mundo de vida digna posible. Sólo imaginándolo, soñándolo, se prefigura en el corazón, y al colectivizar el xWaychinel Lum-K’inal, se comienza a corazonar y se hace llegar mutuamente el Ch’ulel colectivo e histórico.

El xWaychinel Lum-K’inal o prefigurar mundos de vida digna posible, no sólo son meros actos individuales desprovistos de la colectividad, sino un colectivo en donde se imagina o se piensa incorporada a la familia, la comunidad y el pueblo.
Así, la llegada del Ch’ulel colectivo nos permite como pueblos prefigurar nuestros mundos de vida digna posible como consecuencia de una experiencia común y colectiva que hemos vivido históricamente.

De tal modo que los actos históricos del xWaychinel Lum-K’inal y el despertar del Ch’ulel son actos colectivos e individuales en donde el corazón y la mente de las personas son el primer espacio-territorio como sitios en los que emergen o “in-surgen” semillas de lucha y liberación.

Tal es el caso de las familias, comunidades, regiones, zonas, municipios autónomos y Caracoles zapatistas.


ESPIRALES DEL XWAYCHINEL LUM-K’INAL EN LA EXPERIENCIA Y LUCHA ZAPATISTA

El primer espacio-territorial como parte fundamental del núcleo duro de la lucha y resistencia zapatista —totalmente opuestas a la hiperindividualización de la modernidad capitalista— parte de lo personal en relación con la comunidad.

Este proceso se dio desde una convicción personal que poco a poco polinizó la idea y la necesidad de la lucha colectiva para levantar la dignidad pisoteada históricamente de nuestros pueblos. Este sería un primer microespacio-territorio liberado en donde el Ch’ulel se constituye como un sujeto histórico y efectúa desde sí mismo actos de imaginar o prefigurar mundos de vida digna posible de forma sentipensada.

Se partió de lo que se estaba viviendo en ese momento como colectividad y al mismo tiempo prefigurando el futuro con un devenir más digno para las hijas e hijos. Por otro lado, la historia de injusticia, despojo y desprecio que vivieron esas abuelas y abuelos revitalizó el deseo de ser libres y recuperar los territorios. De tal modo que el pasado ancestral ha sido y es una especie de energía que nos impulsa a continuar con los actos de xWaychinel Lum-K’inal.

La fuerza y el poder de la palabra y la voz sólo ha sido posible por el Ch’ulel colectivo y comunal, en donde la voz y la palabra que se escucha solamente es la voz de todas y todos. Es la voz y la palabra comunalizada.

Así, a quienes les fue llegando su Ch’ulel en su dimensión colectiva e histórica, saben que la palabra y la voz ya no sólo es propiedad del patrón o el amo de la finca o la hacienda. Incluso del ladino pobre o del cacique indígena. A los “usos y costumbres” impuestos por el patrón según los cuales frente a él había que guardar silencio, mostrar respeto y obediencia, incluso diciéndole “lo que mande mi patrón” o “sí mi amo”, se sentía que había un deber: levantar la voz y la palabra acallada históricamente.

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